La noción de gestión cultural, en sí misma, es más compleja de lo que imaginamos y es un concepto que va más allá de las categorías de lo gerencial y lo administrativo. Según Ignacio Abello Trujillo, la gestión cultural necesita tomar en cuenta el contexto donde se encuentra aquello que se va a gestionar; es decir, hay que considerar el escenario donde se piensa intervenir con las acciones culturales. Conocer es fundamental, dice este autor.
Lucina Jiménez, en su libro Gestión cultural y lectura en tiempos de diversidad, nos recuerda que la gestión cultural “abarca campos tan diversos como los relativos a la dirección de espacios culturales; la preservación y difusión del patrimonio edificado o del patrimonio inmaterial; los museos y las galerías; la gestión del conocimiento y las tecnologías tradicionales; la producción editorial; la educación en medios y en patrimonio; la promoción y representación de artistas y creadores; la producción y difusión cultural en medios audiovisuales, video y redes digitales, entre otros”.
Esta autora aclara que el fomento de la lectura es un campo de la gestión cultural, como lo son también la gestión del patrimonio o las artes escénicas. Sin embargo, la gestión cultural se torna más compleja cuando la centramos en la lectura y la escritura, porque ambas son construcciones sociales y prácticas socioculturales que en la actualidad se enfrentan a grandes desafíos, donde la lectura, per se, ya no sólo se limita a la cultura alfabética o del libro, sino a un complicado universo de lenguajes que va desde las nuevas formas de leer hasta nuevas situaciones de lectura en un mundo híbrido. La lectura está implícita de muchas formas en nuestras vidas.
Entonces, si la gestión cultural es compleja, en materia de lectura el gestor cultural debe ser muy creativo a la hora de construir modelos de propuestas, según el espacio que piensa intervenir. Debe gestar, crear y diseñar programas y planes basados en lo que ya existe en la localidad, para generar nuevas propuestas que no existían antes y que puedan generar ambientes favorables para el libro y la lectura.
Gestar estos proyectos no es para nada fácil y por eso depende de los procesos creativos que el gestor cultural imagina y pone en marcha. Afirmo que un docente, un buen docente, tiene el perfil de un gestor cultural, porque tiene la tarea de crear, diseñar, planear, sistematizar, sostener, incluso diagnosticar, procesos de aprendizaje que se conectan con la experiencia de leer en los diversos espacios de la vida social de los niños y jóvenes.
La experiencia de la lectura tiene una estrecha relación con la problemática de la vida cotidiana de las personas y sus necesidades sociales, sus dificultades y su forma de enfrentar la vida. Cuando el maestro pone en marcha un plan de lectura escolar está ayudando a promover no sólo la lectura de libros, sino que abre una ventana dimensional que permite hablar de derechos ciudadanos y culturales, cultura de paz, emprendimiento, cohesión social, construcción ciudadana, economía creativa, afianzamiento de la democracia, identidad cultural, pertenencia, igualdad y equidad, y muchas otras nociones.
Pero este plan, programa o modelo de gestión cultural de promoción de lectura debe ser coherente con el currículum y debe ir más allá de un sentido utilitario de la lectura. Retomo otras palabras de Lucina Jimenez: “Desde la gestión cultural, promovemos la idea de que la lectura se convierta en un motor de interacción permanente con el mundo, de cambio personal y comunitario, una práctica orientada desde un sentido ético y también estético. El fomento a las prácticas lectoras como tarea de la gestión cultural ha de hacerse a partir de un escenario de respeto a la diversidad, en un sentido real y profundo”.
Quizás en lo que hemos estado fallando en nuestras instituciones escolares, es en concebir la lectura como un problema únicamente del maestro de español y de la escuela y no como un problema social del país y que empobrece la vida cultural de la comunidad y de la nación. Urge gestionar un movimiento ciudadano donde la familia, cuerpo docente, autoridades, mediadores, gestores y organizaciones aliadas comprendan que leer nos ayuda a todos a crecer.
El autor es encargado de la Oficina de Promoción de Lectura del Ministerio de Cultura