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El estudio científico del pasado y la Senacyt

El estudio científico del pasado y la Senacyt
Sede de la Senacyt en Ciudad del Saber.

Los proyectos de investigación científica en arqueología, arquitectura patrimonial y paleontología financiados por la Senacyt y recientemente reseñados en el “Compendio Científico I + D, los desafíos de la realidad”, son un perfecto ejemplo de lo que logra el apoyo estatal a la ciencia, produciendo resultados de calidad en una amplia variedad de temas del pasado panameño. Todos son esfuerzos multidisciplinarios que resaltan que en Panamá se hace ciencia seria y contribuye cada uno desde su ámbito a construir, pieza por pieza, la historia de nuestro país.

La muestra de siete proyectos empieza con dos investigaciones en paleontología del doctor Aaron O’Dea, sobre la evolución de ciertas especies de peces y micro-gastrópodos. En una línea parecida de historia natural y humana compartida está el trabajo del doctor Richard Cooke, sobre el aprovechamiento precolombino de la fauna en el archipiélago de Las Perlas. Las tres investigaciones evidencian las influencias humanas sobre el medio ambiente, con claras lecciones aplicables al día de hoy.

Avanzando en el tiempo está el proyecto arqueológico El Caño, realizado por la doctora Julia Mayo y su equipo, quienes estudian muchos aspectos de la vida de los coclesanos de los siglos 9 a 11 de nuestra era. Para la misma época pero en Panamá Viejo, se dio la investigación sobre filogenética arqueológica por los arqueólogos Carlos Fitzgerald y Alvaro Brizuela, que demuestran los más de 10,000 años de longevidad y continuidad de la herencia genética panameña.

Finalmente, tenemos estudios sobre nuestro legado hispánico y el patrimonio arquitectónico de los siglos 17 y 18. La doctora Graciela Arosemena investigó la evolución edilicia del convento de Santo Domingo en Panamá La Vieja y la arquitecta Patricia Cid documentó y analizó las técnicas de construcción de los fuertes de Portobelo y San Lorenzo, todos declarados monumentos nacionales por ley e inscritos en la lista de patrimonio mundial de la Unesco.

Todos estos estudios brindaron aportes al conocimiento del pasado panameño, fueron publicados en diversos medios académicos como artículos y libros y, para el público en general, produjeron giras educativas, programas de televisión, videos en internet y exhibiciones museográficas. Fungieron también como plataforma de entrenamiento para jóvenes estudiantes en estas ramas del saber. Por otro lado, el conocimiento obtenido es aplicable al diseño de políticas públicas que incidan en nuestra vida cotidiana, como la prevención de prácticas que conducen al cambio climático, el manejo sustentable de los recursos marinos, el combate a la discriminación racial y hasta el desarrollo de rutas turísticas, con la consiguiente generación de empleo. El conocimiento científico del pasado tiene efectos tangibles en nuestras vidas y en la economía nacional.

No puedo resaltar más lo crucial que es la inversión de la Senacyt en el estudio del pasado y por qué debe continuar. Laboro en el CIHAC-AIP, el Centro de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Culturales, creado en 2021. Es una institución adscrita al Ministerio de Cultura, la primera creada desde el Estado exclusivamente para la investigación en temas del pasado y el patrimonio, desde la época de la doctora Reina Torres de Araúz y la Dirección de Investigaciones del antiguo INAC. En estos casi 40 años, la única institución gubernamental que propició la investigación científica en estos temas fue la Senacyt, enviando jóvenes a entrenarse mediante becas y financiando directamente proyectos como los aquí reseñados.

Por lo menos en arqueología, la mayor parte del conocimiento científico sobre el pasado profundo panameño en las últimas cuatro décadas ha sido investigado y escrito por instituciones y especialistas internacionales, y se publica en inglés. Estos productos son difíciles de conseguir aun para los especialistas locales; en gran parte no llegan a la población general, y menos al currículum educativo que imparte el Meduca, lo que compruebo al revisar los libros que usan mis hijos en la escuela. Esto solo se revierte con la continuada inversión estatal en la Senacyt, instituciones como CIHAC-AIP y en educación. Solo así podremos los especialistas panameños ocupar el sitial que merecemos entre la comunidad científica internacional, compitiendo al mismo nivel, y aportar plenamente al desarrollo educativo y económico de nuestro país.

El autor es arqueólogo, CIHAC-AIP


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