Como pinta el amanecer del año 20, parece que los panameños y amigos que comparten con nosotros en esta tierra, seguiremos viendo, como se nos acaba la vida. Literalmente, se nos acaba. Las instituciones del Estado, que tienen que ver con la seguridad se ven abrumadas con la explosión creciente de la delincuencia y la criminalidad.
Sin ser fatalistas ni derrotistas, la situación tiene más trazas de atascarse que de resolverse. Los sucesos de La Joyita, representan en sí, un resultado de la clásica conducta del juego vivo. Inverosímil que se haya utilizado armas de guerra en la reyerta. El menos mal pensado sabe que el cuento del “yo no sé”, esconde un jugoso tráfico de armas y drogas hacia el interior de los penales. Esta práctica encierra un conjunto de realidades harto difíciles de ser comprendidas y mucho menos enfrentadas.
El dibujo del escenario y sus factores detonadores dan para formular varias hipótesis. Las AKs 47 no tienen alas ni patas; las nueve milímetro caben en cualquier plato de comida o bolsa; las navajas pueden pasar en la ropa interior; los cuchillos pasan adheridos entre el lomo de las espaldas; las suelas de zapatos vestidas portan las drogas, etc. Las respuestas a estos supuestos está a la vista: los coyotes de afuera tienen sus crías adentro. Las redes de la delincuencia digitalmente equipadas están en permanente comunicación con el exterior y quizá conspiran con más efectividad, que si los capos estuviesen todos en las calles o en los penthouses de la ciudad.
La intención no basta. Las condiciones en las que se han debido desarrollar los hechos, no podía menos que aportar más de una docena de fallecidos y otra de heridos. Causas de las más variadas: reclamos de áreas de control, deudas no saldadas en los plazos acordados, maridos celosos por infidelidad, no acatamiento de las zonas de acción e intercambio, desconocimiento del poder intra pandilla, son la sal y el azúcar de los niveles de violencia carcelaria.
El quid del asunto es ¿qué papel juega la policía de custodia. ¿dónde está el boquete o la hendija por la cual se cuelan al interior toda suerte de armas y drogas? ¿ Es que acaso los reos han excavado túneles al estilo del Chapo Guzmán? ¿O es que los poderosos reyes de las pandillas tienen sus propios drones?
La delincuencia y la criminalidad son primas hermanas. Más que invertir en tecnología de vigilancia de última generación hay que acabar con la triste realidad de una generación de corruptos que cada día se incrusta e inunda las instituciones de este país, al que todos decimos amar. Lamentar lo sucedido y compensar a los familiares con nuestra solidaridad, no detendrá la espiral de violencia. No sé pero no quisiera que tengamos que aplicar, más temprano que tarde, el modelo de mano fuerte del Presidente Duterte de Filipinas o del líder singapurense Lee Kwan Yew (1923-2015). Señor Presidente Cortizo lo apoyo y lo apoyaré en sus decisiones de sanear con firmeza la podredumbre que sega el futuro de las tiernas y jóvenes generaciones, y es en sí, una afrenta a la conciencia de una nación digna, en la que todos queremos vivir.
El autor es psicólogo y docente universitario