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El final de la pandemia

El final de la pandemia
Por supuesto no basta con tener las vacunas disponibles en los congeladores. Es necesario tener un porcentaje alto de personas vacunadas, digamos arriba del 80% o 90%. Foto Román Dibulet.

Durante un juego de ajedrez, cuando quedan pocas piezas en el tablero, las prioridades y estrategias cambian tremendamente. Esta etapa clave se le conoce apropiadamente como el final de partida y, por lo general, se juega en forma diferente a las otras etapas, como la apertura y el medio juego. Igualmente, esta pandemia, en un momento dado, va a entrar en una etapa final. Y durante esta etapa final, al igual que en el ajedrez, será necesario cambiar las estrategias y adaptarlas a las particularidades y a los cambios que las nuevas condiciones clínicas y epidemiológicas demandan.

En estos momentos, tenemos diversas herramientas efectivas para reducir la severidad de la enfermedad causada por el SARSCoV-2. Tenemos múltiples vacunas que son seguras y que han demostrado disminuir significativamente el porcentaje de hospitalizaciones y admisiones a cuidados intensivos. Contamos con varios tratamientos orales efectivos e igualmente se han desarrollado medicamentos inyectables que disminuyen sustancialmente la progresión de la infección o la mortalidad asociada a la misma.

Un porcentaje, cada día mayor, de la población tiene inmunidad contra el virus, adquirida a través de la vacunación o por haber tenido una infección previa. Y aunque hemos aprendido que esta inmunidad no confiere 100% de protección contra la reinfección o infección en vacunados, es claro que el riesgo de una infección severa disminuye sustancialmente si se tiene inmunidad.

Por otro lado, al cabo de más de dos años de pandemia, hemos acumulado una cantidad enorme de conocimientos sobre la transmisión, epidemiología, genética y comportamiento del virus y sus diversas variantes. Tenemos disponibles varios tipos de pruebas diagnósticas y conocemos la eficacia de las medidas no farmacológicas, como las mascarillas y respiradores, la importancia de la buena ventilación y la baja transmisión en espacios abiertos.

Lo importante ahora es determinar cuándo se puede cambiar la estrategia. ¿Cuándo se puede asumir que el peligro mayor ha pasado? ¿Cómo saber que un nuevo rebrote del virus no va a poner de rodilla al sistema de salud y no va a causar dolor y pérdida como las primeras olas pandémicas?

Para empezar, es necesario contar con un suplido adecuado de vacunas para personas de todas las edades, incluyendo a los niños más pequeños. Ya la compañía Pfizer ha solicitado la autorización de emergencia a la Agencias de Drogas y Alimentos para administrar su vacuna a niños entre 6 meses y 5 años de edad.

Por supuesto no basta con tener las vacunas disponibles en los congeladores. Es necesario tener un porcentaje alto de personas vacunadas, digamos arriba del 80% o 90%, con al menos las tres dosis requeridas. Incluyendo, por supuesto, a los que han tenido la infección. Se necesita la solidaridad y cooperación de todos, especialmente de los que aún no se han vacunado o de los que no han querido o podido completar sus refuerzos.

Aunque ya se han administrado más de 10 mil millones de vacunas contra la Covid-19 en todo el mundo, hay países, especialmente en África, que tienen menos del 10% de su población debidamente vacunada.

Por otro lado, debe haber un adecuado suplido de los medicamentos efectivos y una estructura para administrarlos en forma rápida y a quién realmente lo requiera. Sin corrupción, sin rebusca. Estos medicamentos han demostrado eficacia sólo si son administrados en los primeros 5 a 7 días de inicio de los síntomas. Por ello, se requiere contar con la capacidad de realizar pruebas diagnósticas rápidas, incluyendo pruebas caseras que permitan a las personas acceder a los tratamientos en forma expedita.

La vigilancia de casos debe centrarse en las hospitalizaciones por Covid-19 severo, admisiones a las unidades de cuidados intensivos y las muertes. Las estadísticas deben incluir tasas de estos indicadores en infectados previamente y vacunados con 1, 2 y 3 dosis. Esto permitirá ajustar las estrategias en caso de detectarse un aumento inesperado de los casos más graves y evaluar la necesidad de refuerzos o modificación de las vacunas para hacerlas más cercanas a las variantes circulantes.

A nivel mundial, es necesario continuar con la vigilancia genómica, es decir, la detección de las variantes y la rápida evaluación de su capacidad de evasión inmune y su patogenicidad.

El aislamiento de los enfermos se puede acortar con la utilización racional y oportuna de las pruebas antigénicas que predicen bastante bien quién es contagioso y quién no. Los recién recuperados pueden utilizar una mascarilla o respirador N95 por varios días para proteger a los que le rodean una vez sus síntomas han mejorado y especialmente si sus pruebas son negativas. Las personas expuestas a un caso positivo que tengan sus dos dosis de vacuna y un refuerzo, o dos vacunas y una infección previa, quizá pueden omitir las cuarentena si permanecen asintomáticos.

Muchos expertos opinan que el SARSCoV-2 no va a desaparecer. Esto es más o menos evidente después de más de dos años. La clave es lograr que no mate ni enferme gravemente a tanta gente. Convertirlo con la vacunación y los medicamentos en otra infección respiratoria más, que no afecte el funcionamiento de la sociedad. Todos tenemos un cansancio o fatiga pandémica. Pero la humanidad ha enfrentado retos mucho mayores. Guerras que han durado lustros, pandemias con mucha mayor mortalidad y grandes hambrunas. Hay que seguir adelante y, como en el final de una partida de ajedrez, ajustar nuestras estrategias y ganar. No nos queda otra.

El autor es médico, especialista en enfermedades infecciosas


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