Capacidad de gobierno

El fracaso estatal frente a la Covid-19

El fracaso del manejo de esta pandemia recae en todo el país. Si bien en un principio hubo reconocimiento internacional por el manejo del gobierno panameño al inicio de la pandemia, estos esfuerzos se vieron empañados por dudas en la gestión de compras para atenderla, así como indicios de posible corrupción y negligencia en la construcción del Hospital Panamá Solidario. Agreguemos a esta ecuación una población aterrorizada por la manera como el virus ha sido enmarcado en los medios de comunicación, y la irresponsabilidad social que hemos visto (recordando la reacción general cuando se suspendió el confinamiento).

La cuarentena ha sido la principal causa de este fracaso. No porque la misma, como medida, sea errónea, considerando que en muchos países fue efectiva para disminuir el peligro del virus, sino por la forma como se ha implementado en nuestro país. Prolongar la medida ha resultado ser un fracaso, mismo que ha afectado tres variables imprescindibles para afrontar el virus: la salud mental, biológica y económica de la población.

La cuarentena ha generado costos socioeconómicos que han obstaculizado su manejo. A nuestro juicio, debió ser absoluta durante un corto periodo de tiempo, el necesario para que los enfermos lograsen recuperarse. En cambio, el gobierno comenzó con una reactivación económica precoz, que impidió la recuperación y proliferó el virus. Ya con el virus proliferado, el gobierno se ha esmerado en mantener una cuarentena prolongada, bajo sus condiciones prostituidas con salvoconductos, lo cual sigue degenerando el bienestar de la población, sin detener eficazmente el virus. Muchos hogares en nuestro país necesitan fuentes de ingresos diarios para su sustento, ante esto, las “soluciones” fueron un “bono solidario” de 80 dólares (luego 100 dólares), que ha resultado insuficiente, considerando que la canasta básica oscila por encima de los 300 dólares mensuales y bolsas de comida, que muchos integrantes de la población aún no han recibido. Estas condicionantes han generado una pérdida de seguridad social; si las personas tienen hambre, generalmente, harán lo que sea para poder comer.

El panameño promedio, de por sí, no tiene acceso a todos los nutrientes necesarios, en situaciones normales, ahora hagamos que sea dependiente del “milagroso” bono o de las bolsas de comida. La alimentación es fundamental para combatir este virus, al ser un gran condicionante del sistema inmunológico. Aquí se afecta directamente la salud biológica de la población, al no tener ingresos suficientes para obtener los insumos básicos necesarios para su mantenimiento.

Gracias a esto, y al confinamiento, los niveles de estrés de nuestra población se dispararon. Las consecuencias del estrés crónico pueden ser: defensas bajas, presión arterial alta, diabetes, insuficiencia cardíaca, cáncer, mala toma de decisiones, ya que afecta a la regulación de nuestros impulsos y emociones, entre muchas otras cosas más. En otras palabras, el estrés genera las condiciones de la población vulnerable al virus y crea un ambiente de alto contagio por parte de la mala toma de decisiones de la población. Con esto, podemos argumentar que la salud mental puede ser la variable afectada más preocupante, al ser una creadora de riesgo y generadora de contagios, sin desmeritar la importancia de lo ya mencionado.

Con estos argumentos, más toda la evidencia de la gestión corrupta y negligente gubernamental, se deja en claro como el confinamiento solo ha sido perjudicial para la población, quitándole sus ingresos, impidiéndole alimentarse, degenerando su salud mental y siendo una violación clara de sus libertades y responsabilidades.

El autor es miembro del Círculo Bastiat de la Fundación Libertad

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