Ya se lo confesaba Sancho en una carta a su esposa Teresa en El Quijote: “De aquí a pocos días me partiré al gobierno, adonde voy con grandísimo deseo de hacer dineros, porque me han dicho que todos los gobernadores nuevos van con este mesmo deseo”.
Y le explicaba Cantiflas a un ignorante candidato a diputado, en el filme “Si yo fuera diputado”, lo que era la democracia: “Democracia, mire usted, según la lengua española traducida al castellano quiere decir demo, como quien dice dimos y si dimos con qué nos quedamos y cracia que viene a ser igual, porque no es lo mismo Don Próculo se va a las democracias que demos cracias que se va Don Próculo”.
Y lo predijo el escritor peruano Santiago Roncagoglio, en una conferencia sobre Cervantes que dio en mayo de 2016 en la Academia Panameña de la Lengua: que en América Latina el humor es el único refugio ideológico que nos va quedando ante el absurdo y la falta de opciones ideológicas. Y que, además, el humor nos viene de sangre, de siempre, de la inteligencia del hidalgo Alonso Quijano, que en su locura, resultó pintar el más cuerdo de los modelos de Estado.
Bienvenido al Panamá donde lo increíble es contidiano, el absurdo resiste todo análisis desde la teoría política clásica –ver la inoperancia de la justicia, la intención de voto presidencial hoy y el desapego a la democracia como forma de gobierno en las encuestas, manifestaciones de la relatividad política de la ciudadanía. En lo único que nos ponemos de acuerdo, y se hace viral a toda costa, es en lo que nos asusta –la inseguridad y el crimen— o en lo que nos hace reir –memes, caricaturas…— especialmente en las redes de comunicación que alcanzan a todos, y que se están convirtiendo en un ambiente veleidoso y violento, de egos desbocados y trivializaciones de materias que al final son de vida o muerte, como la salud y la corrupción.
Ante la polarización de las ideas que estamos viendo no solo en Panamá, sino en la región y en el mundo –elecciones chilenas, dixit— el humor se presenta como la alternativa cognitiva para tragar los extremismos de la ultra derecha y la ultra izquierda. No es fácil para los creyentes en la democracia y los derechos humanos, que los creíamos asegurados, levantarnos un día post neoliberalismo y en medio de una pandemia, para ver que múltiples frentes retroceden -o intentan retroceder- los derechos de igualdad de las personas, las libertades de expresión y pensamiento, el acceso a la información pública que es de todos, mientras la auto-coronada casta política se hacen a dos manos de los dineros del Estado para pagar puestos, privilegios, prebendas, sin autoridades de control que de verdad le pongan coto a tantos desmanes.
¿Diluye el humor la indignación ciudadana? ¿Se queda en la risa el impulso de exigir el cambio ante la debacle y la falta la gobernanza democrática? Tal vez al reír nos permitimos sentir optimismo y darle batalla a las oportunistas voces que declaran que la corrupción como mal generalizado, imposible de vencer. El humor inteligente, viene a ser un traductor de lo ininteligible ¿De qué otra manera puede procesar nuestra conciencia colectiva ver bailando a un expresidente impune, en una tarima con parafernalia de Navidad, mientras un público corea el espectáculo al tiempo que sus hijos son sujetos de la justicia extranjera? Nota a mí misma: volver a ver Gladiador y corear la escena donde le grita al público desde la arena del coliseo bañado en sangre y con desprecio “¡¿Are you not entertained? “¿Are you not entertained?!” (¡¿No se entretienen?!)
Huxley en su novela “La isla” se adentró en el pesimismo existencial, en esa lista de desventuras que, como individuos, criaturas finitas, todos inevitablemente hacemos. Si transpolamos la lista a las desventuras ciudadanas, puede ser de nunca acabar. Para el individuo aún así, la vida vale la pena, tal como lo vale la democracia que garantiza libertades para el ciudadano.
Toca encontrar la alegría de ser, y el humor, ante el horror, es no solo necesario sino vital. Y frente al inminente bicentenario del próximo domingo, voto por celebrar la independencia de España como sugirió en una entrevista, dada a este diario hace algunos unos años, Belisario Amador Balboa, ilustre presentador del Ñeque Noticias: “Con un bloqueo arancelario a todas las arepas colombianas que entran, la prohibición del idioma inglés por 48 horas y la confiscación de las camisetas del Barcelona y el Real Madrid para su quema simbólica”.
La autora es abogada y escritora

