¿Qué sucede con Panamá, que en más de un siglo de existencia soberana aún no ha dado el paso para convertirse en un país desarrollado? Los males circundantes yacen en las raíces de la misma cultura y en la poca educación, de valores y de conocimientos, que se han capitalizado como los pilares de la incultura, del atraso que tenemos a nivel de educación y del poco progreso en todas las áreas de la vida nacional.
La ciencia y la educación deben ser los pilares de la cultura, del desarrollo y del progreso de un país. Sobre todo, ahora que nos encaminamos hacia la quinta revolución industrial. Para que estos pilares se fortalezcan hay que apoyar las investigaciones científicas y la formación en las aulas de clases, crear plataformas para que el panameño se nutra de conocimientos y la cultura evolucione, y lo más importante es generar un cambio profundo en el sistema educativo panameño (cosa que no es para nada fácil).
Panamá ha progresado hasta cierto punto, pero es observable, y todos lo sabemos, que pareciera como si alguien hubiera puesto un límite a nuestro crecimiento.
Panamá no invierte en educación, salud e investigación de la misma forma que lo hace con proyectos políticos u otros affaires, por una simple razón: la política es demostrar resultados cada cinco años. Si en cinco años no demuestro resultados a mis votantes, significa que no he hecho nada. Los resultados de los proyectos destinados a fortalecer la educación, la salud y la ciencia duran más de cinco años. Un mínimo de diez años.
Los votantes no podrán ver los resultados, sino hasta mucho tiempo después de haber terminado el período del gobierno por el cual votaron.
La mayoría de los países desarrollados lo son debido a que invierten un buen porcentaje de su PIB en educación, ciencia, tecnología y salud; además, cuentan con una gran plataforma universitaria que sirve de cimiento para la formación de los ciudadanos.
Las mejores universidades del mundo se encuentran en los países desarrollados por el simple hecho de que allá se invierte más en educación, ciencia, tecnología y salud.
Las cifras de inversión pública en temas de investigación y tecnología están cercanas al 0.15% en Panamá. Nos encontramos muy lejos de países desarrollados, que invierten hasta un 39% (en Norteamérica), por ejemplo.
Pareciera que el panameño ignorara esta realidad. Muchos vivimos felices con el último programa de telerrealidad de la televisión y dejamos para mañana las preocupaciones más importantes.
La cultura del panameño debe orientarse hacia un orden mancomunado y hacia la solidaridad. No es cuestión de depender de un gobierno, sino de exigir que hagan su trabajo y nosotros hacer lo que nos corresponde, pero siempre vigilantes en apoyarnos mutuamente.
Progresar no se trata solo de publicar un acto de corrupción y hacerle ver a la mayoría quiénes están obrando mal. Progresar tiene que ver con educar y también con aprender. ¿Qué aprendimos de la pandemia? ¿Qué hicimos hoy para mejorar el país? ¿Cómo contribuyo a que Panamá mejore? Responder a estas preguntas tiene mucho que ver con la vida general y nacional de cada uno de los ciudadanos.
Pero antes de contestar estas preguntas, hagámonos las más importantes. ¿Qué hacemos para que la educación en el país mejore? ¿Cuáles son las políticas que fortalecen la educación? ¿Cómo apoyamos a que la ciencia y la salud mejoren? ¿Se están cumpliendo las políticas destinadas a fortalecer la educación, ciencia, tecnología e investigación? ¿Hay voluntad del actual gobierno para continuar con el proyecto educativo del anterior?
Cuando tengamos las respuestas a estas preguntas y actuemos con buena voluntad y cooperativismo, entonces Panamá será un nuevo país desarrollado en el mundo. Sin embargo, antes de contestarlas, tome en cuenta que no es lo mismo hacerlo con palabras que mediante un proyecto serio enfocado en encaminar al país hacia el desarrollo.
El autor es psicólogo y docente universitario
