En un pedazo de suelo llamado Panamá, en donde nunca han campeado alegremente cuatro personajes llamados, honor, justicia, lealtad y honestidad, aquí donde siempre han sido esquivos y poco reconocidos estos personajes se ha ido desarrollando por muchos años un juego habitual entre sus habitantes conocido como “juega vivo”, en donde si no lo practicas cuando llegas a ocupar un puesto público, se te hace ver como el bobo, el lento, simplemente el morón del cuento, ante eso la honestidad sintió vergüenza y se fue de Panamá.
Los que “juegan vivo” se dieron cuenta que al ocupar cargos públicos, tenían acceso a entes privados con los que hacer negocios turbios y que con esto, pasaban de llevar una economía precaria un día a ser potentados al siguiente, donde el pueblo y las autoridades, lejos de cuestionarles su falta de probidad u honradez, les aplaudía, así el honor sintió ya demasiada vergüenza y decidió emigrar definitivamente de Panamá.
Con el paso de los años los partidos políticos metieron el pie en el acelerador de la degradación, como fue el caso de gran parte de la sociedad que les gusta “jugar vivo”, se fueron alejando del discurso de igualdad, equidad y de la meta de crear oportunidades al país y por ende a sus ciudadanos, pues comenzaron a ver al país como realmente es, aunque a muchos esta imagen nos cause desasosiego y tristeza, pues se ha echado de lado el país que pudiésemos llegar a ser, con esto la lealtad se sintió traicionada y se alejó de Panamá.
Como ya se habían ido de Panamá la honestidad, el honor y la lealtad, ya no había lugar para la justicia, porque donde se han ido los elementos que estructuran a un Estado, toman su lugar sus antónimos, es decir, la deshonestidad, el deshonor, la traición y la injusticia. Por eso, no es de extrañar que en nuestro terruño campee a sus anchas la corrupción, la poca transparencia, el nepotismo, la pobreza, la falta de educación, pero sobre todo la falta de visión y superación que son motores de ignición en los pueblos para luchar y surgir cual ave fénix de sus propias cenizas.
Cuando las autoridades de Panamá han demostrado una y otra vez que carecen, primero de interés y luego de órganos serios, correctos e independientes que provean justicia en favor de sus gentes de bien, les dan gabela a otros Estados como España, Italia u otras jurisdicciones como es el caso de Nueva York, para que tomen ese sitial y sean condenados allá o al menos mencionados los que han traicionado a nuestro país de una y mil maneras, una vez más, se demuestra que el “juega vivo” puede ser vencido, lastimosamente no por iniciativa de nuestro pueblo y mucho menos de sus autoridades, que impávidas miran hacia otro lado, como el que sabe que hoy les toco a ellos, pero que quizás mañana me toque a mí, prefiriendo entonces delegar en otros lo que debería ser su misión y visión de país, quedándose en lo etéreo de los discursos, las cuñas y las arengas superficiales, vacías e inútiles a las que nos tienen tan acostumbrados.
El autor es abogado
