Todos en estos días recordamos lo que vivimos, experimentamos y gozamos hace un año. Lo que se vivió fue algo grande, que generó un cambio actitudinal y espiritual en nuestra nación. Muchos han publicado en sus redes sociales fotos de lo vivido, incluso, los peregrinos que fueron recibidos con el calor humano que caracteriza a los panameños.
El mensaje que dejó el Papa Francisco fue claro para cristianos y gente de buena voluntad de todas las edades. A los consagrados y laicos les animó a no dejarse llevar por el cansancio de la esperanza, sino transformarse por el Espíritu, una Iglesia que debe dejarse purificar para encontrarse con el primer amor: Cristo. A los que le ofrecieron su testimonio de una vida dura y probada, el Papa les agradeció y constató cómo la mano del Señor estaba ahí, mostrando su misericordia y su compañía, a pesar de las circunstancias tan pesadas que vivieron.
El Vicario de Cristo llamó a los muchachos a “generar futuro” desde el corazón. Porque Jesús efectivamente, es una historia de amor y de vida que quiere mezclarse con la nuestra.
Todos escuchamos de Francisco proclamar a María Virgen como la mejor “Influencer”, que nos llama a no tener miedo, a decir sí al proyecto de Dios, para ser y gritar a todos que Cristo vale la pena, que tiene sentido en la vida y puede renovar nuestro camino mediante su amor redentor.
Sí hermanos, los jóvenes son el “ahora de Dios”. Una Iglesia que no se renueva con fuerzas juveniles, está condenada a la extinción y al olvido, por eso es fundamental su papel protagónico en la Iglesia y en el ámbito político, económico y social, con conciencia verdaderamente cristiana.
Impactó cómo el Papa removió el corazón de los panameños al recordar a Don Bosco como aquel santo que “supo mirar con los ojos de Dios”: no se quedó instalado, desanimado, sino que de modo creativo supo ser una mano amiga para los niños y jóvenes de su tiempo. A pesar de las críticas y que lo llamaron loco, su ambiente fue casa-escuela-iglesia-patio, donde generó un clima de verdadera familia para respirar el amor de Dios. ¡Qué locura de amor de Dios fue el amor de Don Bosco por los jóvenes!
Finalmente, el Vicario de Cristo exhortó a no dejar enfriar la emoción de esos días, sino volver a los lugares origen y transmitir lo vivido, para que otros puedan sentir la vibra de Dios, con estilo juvenil.
Hermanos, el legado de JMJ no es mero recuerdo y nostalgia de emociones y aventuras. Con lo recibido hace un año debemos seguir construyendo una Iglesia y una sociedad mejor. Luchar con toda esperanza y apostar por los jóvenes, ellos deben ser los destinatarios privilegiados de nuestra Iglesia y sociedad. Formándolos con valores humanos, espirituales y morales, ellos serán capaces de salir a evangelizar. Con su alegría pueden contagiar de bondad y santidad a tantos jóvenes que necesitan encontrar a Dios.
El autor es sacerdote