‘Fast forward’

El mundo post pandémico; lecciones 1 al 5

El periodista que dirige el programa más importante sobre asuntos inernacionales de CNN, Fareed Zakaria, acaba de publicar su sexto libro, titulado Ten Lessons for a post-pandemic world, que, como todo lo que escribe, es una pieza.

Tocaré algunos puntos que, según mi criterio, merecen ser citados y, en algunos, aterrizaré en nuestro Panamá.

El periodista nos magnifica el radical cambio que produce la Covid-19 en el mundo, sobre todo en los países grandes, que estaban todos preparándose para un enemigo y amenazas grandes. Estados Unidos -por ejemplo- se gasta tres cuartos de un trillón de dólares en defensa para mantener las fuerzas armadas más poderosas del planeta... Entonces, se enfrenta a un enemigo que es 1/10,000 más pequeño que éste punto (.), pero que causa el daño más grande económico, político y social a la humanidad desde la Segunda Guerra Mundal. ¿Pensar en grande? ¡Hay que comenzar a pensar en chico!

Lenín alguna vez dijo: “Pasan décadas en que no pasa nada y, de repente -en semanas-, ¡pasan décadas de cosas!” Estamos, gracias a la Covid-19, experimentando éso mismo. Entramos en una vida de fast forward.

Primera lección: amárrense los cinturones en ese mundo post pandemia; el fast forward será por definición, inestable. Si el sistema es abierto y rápido, fácilmente puede girar fuera de control. El mundo no se va a acabar, pero cada alarma que suene es una llamada a la acción. Tenemos que saber que habrá crisis y caos, y debemos actuar para salir fortalecidos de los mismos Si nos dedicamos a construir juntos, iremos creando estabilidad de la más importante: estabilidad emocional.

Segunda lección: lo que importa no es la cantidad de gobierno, sino su calidad.

Las democracias han manejado la crisis de salud mucho mejor que cualquier dictadura, sin importar el sesgo ideológico. Hay democracias de izquierda, como Corea del Sur, Nueva Zelanda y Taiwán, y otras de derecha, como Alemania, Austria, Australia y Uruguay. Lo importante es calidad de gobierno. Esto no es fácil lograr hoy, en que lo normal es que los pueblos son propensos a rechazar a sus gobiernos por corruptos e incompetentes, pero no es imposible. Requiere un liderazgo extraordinario con clara convicción democrática, dramático control sobre actos de corrupción y persistencia. Debe ser una ayuda del control de la legislatura si el gobernante lidera…y no compra ni permite corrupción para controlar. Lo que no resulta es un gobierno parroquial que se consuela con fantasías de que son ellos “los excepcionales”, porque el país, por el momento, está “tranquilo”.

Tercera lección: los mercados no son suficientes. La crisis requiere de contratos sociales que beneficien a todos. Este contrato requiere “reformas radicales”. Yo sugiero cinco temas básicos para resolver la inaceptable desigualdad que vivimos: agua; educación; salud/CSS; seguridad/justicia, y planificación.

Cuarta lección: la gente tiene que escuchar a los expertos –y los expertos deben escuchar a la gente–. La ciencia no produce una respuesta simple, especialmente frente a un fenómeno nuevo como la Covid-19. La ciencia es un método de investigación que se plantea preguntas y lleva a cabo pruebas rigurosas sobre distintas hipótesis. La ciencia todavía tiene importantes preguntas sobre la Covid-19 y se lograrán respuestas en los próximos años, ¡no en meses! Lo importante -según Steven Pinker, de Harvard- es que la mayoría “piense que las personas con sacos blancos representan otro sacerdocio”.

Muchos gobiernos, como los de Alemania, Corea del Sur y Taiwán, se manejaron bien con pocos y cortos cierres y masivas pruebas y trazabilidad. Ciertamente, los oficiales de salud pública no pueden saber los costos o beneficios de cierres económicos. Esto lo comprendieron desde la OMS hacia abajo.

Quinta lección: la vida es digital.

Por limitación de espacios dejaré para un próximo artículo las otras cinco lecciones de este maravilloso libro sobre lo que será nuestra vida post Covid, y cuya lectura recomiendo a mis respetados lectores.

El autor es fundador del diario La Prensa

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