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Crisis Estados Unidos

El ocaso del imperio

“Luego de unas elecciones marcadas por acusaciones de fraude y compra de votos y una inusual –y sospechosa para algunos– larga espera para conocer los resultados de los comicios, se desata una asonada golpista con saldo de muertos y heridos, y la implementación de un toque de queda en la capital del país, la OEA llama a la cordura y al respeto de las institucionalidad y la democracia...”. No señores, esto no es un TBT de las elecciones panameñas de los años 80 ni de la Venezuela actual. De hecho, no se refiere a ningún país “tercermundista” de gobiernos con moral cuestionable. Esta noticia es de América (el país, no el continente), y como diría mi viejo amigo Mijail Gorvachov “vieresh, ni vieresh” (aunque usted no lo crea), pero así es, el país adalid de la democracia, referente indiscutible de las transiciones de mando civilizadas y némesis de los gobiernos autoritarios, está viviendo una suerte de mutación, un Síndrome de Estocolmo invertido, aquella donde adoptas la personalidad de aquello que combates; como dice la canción, “si el norte fuera el sur”.

Alexis de Tocqueville se revuelca en su tumba porque tendrá que hacer una reedición de su libro La Democracia en América, que durante 200 años fue lectura obligada en ciencia política; porque aquello que el mundo presenció el Día de Reyes en el Capitolio dista mucho del perfil del Tío Sam que Hollywood y los medios nos han enseñado. La sonrisa se volvió mueca.

Ya hemos visto cómo Estados Unidos ha cedido terreno y perdido influencia en el plano internacional, tanto en lo político (no pudo evitar la guerra de Nagorno Karabaj cediendo la batuta diplomática a Rusia); en lo comercial (China lo desbancó como primer socio comercial de Europa) y militar (no pudo evitar que los hermanos musulmanes conquistarán Libia de la mano de Turquía sobre los intereses europeos); también vemos como los temas raciales siguen con la misma rancia vigencia de hace 100 años, encendido de calles y derramando sangre por el color de la piel. ¡Pero ver al Capitolio invadido por turbas enardecidas como hace unos meses pasó en Guatemala! Eso sí no lo veía venir. Como diría El Quijote: “Cosas vedere Sancho, cosas vedere que non credere”.

La pregunta hora es: Estamos viviendo los estertores del imperio? Esto es una previa a un movimiento independentista de los estados azules y los estados rojos? ¿eEl mundo, sin su guardián de facto, caerá en una nueva era oscurantista, como pasó tras la caída de Roma? o, al contrario, ¿sin la “Pax Pentagoniana”, el siglo XXI redefinirá su perfil en uno multipolar y más autodeterminante?

Un Estados Unidos divido y más polarizado que en 1860 podrá sobrevivir el avance imparable de China? ¿Podrá enfrentar a la cada vez más fuerte Rusia? ¿Podrá disuadir el ímpetu expansionista neootomano de Turquía? ¿Podrá conservar a Latinoamérica bajo su control geopolítico?

Sea como sea, en lo personal, no me gusta que este esperanzador 2021 inicie con algo jamás imaginado, ya que abre una puerta donde solo el gato de Schrodinger estaría cómodo.

El autor es abogado


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