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El Pacto del Bicentenario, la lectura y las bibliotecas

El pasado 30 de noviembre, el presidente de la República, Laurentino Cortizo, recibió las propuestas del Pacto del Bicentenario “Cerrando Brechas”, documento que pauta las necesidades más prioritarias de la población panameña. Paulina Franceschi, coordinadora ejecutiva nacional del Pacto del Bicentenario, ha declarado que “nunca hasta ahora nos había sido dado a los ciudadanos el poder necesario para trazar la ruta de nuestro inmediato destino colectivo…” El atributo principal del pliego de propuestas es que ha sido construido por la ciudadanía.

El Pacto del Bicentenario tiene los siguientes ámbitos: agro, educación, salud, seguridad alimentaria, agua, electrificación, generación de empleo, infraestructura, protección del medio ambiente, cultura y deporte. La Comisión de Cultura elaboró 25 acuerdos, agrupados en los siguientes temas principales: educación cultural, industria cultural, oferta cultural y patrimonio cultural. En el subtema de educación cultural, han quedado resumidos los acuerdos referentes al problema de la lectura y las bibliotecas, una de las contradicciones más graves que afectan el desarrollo de una nación.

No es capricho ni exageración cuando decimos que es un tema que afecta gravemente al progreso; incluso, vamos más allá: es muy posible que un país que no sabe leer tenga serios problemas en todos los sectores, no solo en la educación. Como bien lo dice el Pacto: una sociedad que no lee, desvalora y desconoce su identidad y su memoria social; además, descuida las cosas que realmente importan; es menos solidaria; carece de sentido de pertenencia y de colectividad; es más vulnerable y no sabe tomar decisiones. Son factores que empobrecen la calidad de vida.

En un artículo de Arturo Uslar Pietri titulado “El analfabetismo funcional”, publicado en El Nacional, el 26 de septiembre de 1993, que leí gracias a Demetrio Fábrega, el autor venezolano dice: “Los hombres de la Ilustración creían firmemente que la enseñanza de la lectura y la escritura era el instrumento fundamental para lograr la transformación de la sociedad. Danton afirmaba que, después del pan, la instrucción era la primera necesidad del pueblo. Esta concepción ha estado en la base misma de todos los programas de progreso y transformación social que el mundo ha conocido en los dos últimos siglos”.

La lectura y la escritura son la base para la transformación de una sociedad. Por eso creemos que ha sido acertado que en el Pacto del Bicentenario se haya visualizado el tema de la lectura y las bibliotecas. Si bien es cierto que el estado deplorable de las bibliotecas y la falta de ellas en muchas comunidades no es la raíz del problema de la lectura en nuestro país, no es menos cierto que estos equipamientos culturales son piezas importantes para optimizar la educación y contribuir al desarrollo de la sociedad.

Al día siguiente que el presidente dio a conocer el Pacto del Bicentenario, apareció en los medios el estudio ERCE 2019, una publicación de la Unesco, donde Panamá se encuentra entre los países con serios problemas de aprendizaje en lectura, matemática y ciencias. Esto no es nuevo y solo reitera la evidencia de que la región de América Latina afronta una crisis en términos de educación y que urge atender el problema desde los primeros años de escolaridad, porque los niños se gradúan sin saber leer ni escribir y, por ende, sin el aprecio por la lectura.

La comprensión lectora y la escritura son temas que preocupan fundamentalmente a los responsables del sistema de enseñanza en nuestra educación. Sin embargo, es sumamente importante articular esfuerzos para que el aprendizaje de los niños mejore, porque es un tema que impacta a toda la sociedad y por eso es un problema de todos.

Si un niño no aprende a leer ni a escribir, se convierte en un ser vulnerable candidato para caer en cualquiera de las inequidades que amenazan constantemente a la sociedad: pobreza, desempleo, deserción escolar, desigualdad, riesgo de delinquir, imposibilidad de llegar a un bachiller, abusos diversos y un etcétera de males que incluso se han incrementado con la crisis de la pandemia.

El estudio ERCE 2019 se realizó antes de la Covid-19. Cuando se realicen estudios de la educación en Panamá durante la pandemia, los resultados serán devastadores. El último Informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2021 es verdaderamente aterrador. Un año después de la crisis, dos de cada tres estudiantes continúan afectados por el cierre total o parcial de las escuelas. Cien millones de niños más carecen de las competencias básicas en lectura, anota el documento. A nivel mundial, dice el informe, se necesitarán medidas excepcionales para volver a encauzar a los alumnos tras un año catastrófico para la enseñanza.

Es por eso que los acuerdos del Pacto del Bicentenario, en términos de educación y cultura, son imperativos para poder levantar al país. Hasta el momento, solo nos hemos preocupado por levantarnos económicamente. En el caso de las políticas de lectura y bibliotecas, los acuerdos son puntuales, pero hará falta, como siempre, de la voluntad política y de tomas de decisiones que no pueden esperar. Todos los acuerdos en el Pacto son importantes, pero sin educación, sin una instrucción integral que ayude a eliminar el analfabetismo crónico y el analfabetismo funcional, no vamos a cambiar nada, porque para reparar y construir una sociedad es necesario saber pensar, leer, escribir y hablar.

Lo hemos repetido muchas veces y lo seguiremos reiterando: las bibliotecas tienen una función que los ciudadanos aún no aprenden a reconocer (lo dicen los acuerdos) y que va más allá de un lugar para hacer la tarea. Como espacios poéticos, son escenario de encuentros y experiencias de comunión; vigilan porque enseñan a cuidar; son solidarias porque ayudan a tejer y sanar heridas sociales; protegen porque ayudan a generar conocimiento necesario; articulan porque hacen conexiones con otras esferas de la vida; articulan porque son generadoras de procesos que enlazan a otros actores; son organismos que acercan a la gente a su memoria y su identidad, y los acompañan en todos los momentos de la vida.

El autor es escritor


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