Imagina que un día te levantas y pones las noticias como de costumbre y en los titulares se escucha: ‘Panamá, sorpresa mundial, ejemplo de desarrollo para la región’ tal vez ‘Científicos panameños logran frenar el cáncer’ o ‘Centro de estudios e investigación tecnológica de Panamá y su enorme aporte a la humanidad’ quizás ‘Pobreza en el país canalero totalmente erradicada’. ¿Te lo imaginas? Sueño con ese día. Creo que podemos. Hay un aspecto clave que conjuga el alcance para cada una de esas metas y es, por supuesto, la educación. No es posible concebir el éxito a mediano y largo plazo en nuestro país si nuestro sistema educativo no es exitoso. Para tener un país desarrollado, debemos esmerarnos en tener primero ciudadanos desarrollados. Al final, todo se trata de las personas. La calidad del trabajo del capital humano asegura el resultado de cada labor, servicio o producto que se ofrezca nacional o internacionalmente. No importa cuánto se invierta en infraestructura si no podemos asegurar su sostenibilidad, se depreciarán, las estructuras se debilitarán y colapsarán. El mismo proceso ocurre con la institucionalidad, o la calidad de todos los servicios, así como todo las variables que aseguran el crecimiento económico y la movilidad social. No estoy en contra de traer mano de obra calificada a falta de recurso humano cualificado en Panamá, pero ¿es eso lo que queremos? Un país en donde todos podamos aportar y colaborar conjuntamente para el desarrollo es para mucho de nosotros un sueño dorado. ¿Por qué ir a otros países a buscar una formación universitaria de ‘primer mundo’ cuando podemos invertir en la nuestra y estar al mismo nivel?
El reto es grande y transversal ya que involucra varios factores, empezando con una educación de calidad. La educación de calidad no se logra únicamente con docentes cualificados o la infraestructura adecuada. Es necesario que haya compromiso no sólo de los gobiernos a garantizar que la educación sea una prioridad nacional, también de los gremios magisteriales, padres y madres de familia e incluso la empresa privada y, políticas públicas que aseguren que trascenderán administraciones.
En la escuela se forman a los ciudadanos del futuro, lo que me lleva a pensar que si no educamos correctamente no podemos esperar que nuestro país funcione correctamente.
Un estudio reciente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), advierte que, producto de la pausa educativa debido al Covid-19, recuperar los rezagos en la formación de capital humano es clave. Muchas actividades técnicas y especializadas se han visto en aprietos durante esta pandemia, producto de la merma en el personal calificado.
El mundo avanza a pasos más que agigantados, técnicamente vuela. Es preciso estar al nivel de las exigencias mundiales y estar a la altura no se trata de un buen lugar en algún ranking, es cuestión de supervivencia de nuestro modelo de desarrollo. La competitividad es más que una necesidad, ya no se trata de estar a la vanguardia; la innovación es el nuevo petróleo.
Proveer los espacios para las startups y centros de capacitación especializada en TIC’s no debería ser una opción, es más que necesario si no queremos quedar en el rezago y en el subdesarrollo tecnológico. Por eso, la educación siempre será el motor que mueva el desarrollo de una nación. El nivel de escolaridad y la calidad que reciban sus estudiantes es fundamental. Con relación a la pandemia. Me pregunto, ¿por qué debemos esperar a que otros busquen una vacuna para el coronavirus? ¿Acaso no deberíamos aspirar a que nuestros centros de estudio e investigación científica sean de los más altos estándares? Podemos soñar con un país en donde no algunos, sino todos, tengamos la oportunidad de prepararnos y aportar a nuestra comunidad y sociedad. Podemos soñar con que Panamá marque hitos en innovación, podemos soñar con que nuestras escuelas, colegios y universidades estén entre las mejores del mundo. Sé que sí podemos, si todos nos comprometemos y accionamos y dejamos que el sueño se haga realidad. La educación, parafraseando el juramento del estudiante panameño, transformará nuestra patria.
El autor es miembro de Jóvenes Unidos Por la Educación