Como panameño creo profundamente en el “Panamanian Dream” y estoy convencido que con trabajo, creatividad y planificación podemos hacer de Panamá la Capital Marítima del Mundo.
Lograda ya la aprobación de la Ley de Cabotaje Marítima por la Asamblea Nacional solo falta la firma del Excelentísimo Señor Presidente de la República y su publicación en Gaceta Oficial, para que comience a regir esta ley que pondrá a Panamá en igualdad de condiciones que le resto de los países marítimos.
¿Pero qué es Cabotaje? Es el comercio marítimo interior de un país. Casi todos los países marítimos tienen leyes de cabotaje que son las que gobiernan la explotación de sus aguas interiores y del mar territorial, las cuales son de propiedad soberana del estado según el Artículo 2 del Convenio de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar, de Montego Bay de 1992. Estas leyes de cabotaje defienden el derecho de los nacionales de explotar el sector marítimo para beneficio estratégico y económico de todos sus ciudadanos, y evitar que el mismo se convierta en lo que es hoy, un espacio de fuga de divisas, “dumping” comercial y evasión fiscal de parte de empresas extranjeras.
La Ley de Cabotaje Marítima recién aprobada permitirá que Panamá cree miles de nuevos empleos en el sector marítimo, genere incontables millones de dólares anuales en tributación fiscal de empresas panameñas y acabe de una vez por todas el permanente juega vivo de la evasión fiscal de naciones europeas de la OCDE que mantienen el doble discurso colonialista de cuando eran imperios. Es importante recordar dos exmandatarios que ponen en contexto la importancia histórica de esta ley.
Primero, hace casi un siglo el ilustre estadista y presidente panameño Juan Demóstenes Arosemena dijo, que en los negocios internacionales “la República debe ser honesta y respetuosa y está obligada a exigir que se la trate con honestidad y respeto”.
No es casual que son ciertas empresas europeas y sus embajadores los que se han opuesto a la ley que más beneficia a los panameños en el sector marítimo desde los Tratados del Canal. Que el embajador de otro país se oponga a la ley, es lo que nos debe convencer de que la ley es buena para Panamá, ya que ellos por la definición de su trabajo solo defienden sus propios intereses.
Segundo, cuando Omar Torrijos recupero el Canal de Panamá por medio de los Tratados Torrijos - Carter de 1977, definió el objetivo del mismo canal que él decía “iba a ser de los panameños y su beneficio debía ser el mayor uso colectivo posible”. El mayor beneficio colectivo posible para Panamá. Torrijos sabía que el panameño es noble por naturaleza, y que celebra y se alegra por las hazañas de otros como si fueran propias. Así celebramos los triunfos de los Yankees, del Barca o del Real Madrid, como si fuesen propios. Pero él también sabía que no hay mayor satisfacción que cuando los triunfos son propios.
La Ley de Cabotaje Marítima (en un país donde hay Ley de Cabotaje Aéreo y Terrestre) es una deuda vieja para el sector marítimo. Si Panamá ha reconocido que las aerolíneas, y los transportistas terrestres son pilares fundamentales para nuestro desarrollo económico, la falta de esta ley en el sector marítimo ha obedecido a una ignorancia de nuestro potencial económico marítimo. El 80% de los países marítimos tienen este tipo de ley, y la Ley de Cabotaje de los Estados Unidos. sobre la cual esta modelada nuestra ley, data de 1921. Esto con el propósito de dejar claro que Panamá no pretende reinventar la rueda, pero si ocupar el mismo lugar que otros países marítimos.
¿Si otros países le dan el mayor uso posible a sus aguas interiores por qué Panamá no? Parte de la razón era el control estadounidense sobre el Canal. Pero finalmente, y con orgullo, esa razón dejo de existir. La Ley de Cabotaje es la primera ley que equipararía a Panamá con otros países marítimos y servirá como fuente de empleos, tributos y motor económico para Panamá. ¡Enhorabuena!
El autor es abogado marítimo y vocero de la Asociación de Armadores de Panamá

