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El retiro de las tropas estadounidenses y la crisis en Afganistán

La reciente e inesperada reconquista de Kabul (Afganistán) por los talibanes, luego de casi 20 años de la intervención militar estadounidense, es una situación que ha generado preocupaciones de dimensiones internacionales, principalmente por la incertidumbre sobre el futuro de la construcción y desarrollo de la sociedad afgana.

Realizar un análisis exhaustivo de este tema resultaría sumamente complicado por los diferentes enfoques que pueden existir: jurídicos, éticos, religiosos, culturales, políticos, etc. Sin embargo, ya que gran parte de la discusión se ha concentrado en qué tan acertado fue el retiro de las tropas estadounidenses del territorio afgano, es esencial analizar este tema desde la perspectiva de las relaciones internacionales, enfocándose principalmente en el rol de los Estados Unidos en la construcción de una nación (nation building) afgana.

El proceso de construcción de un Estado o nación corresponde a un cambio en su estructura política y social, el cual en muchas ocasiones viene acompañado de la asistencia extranjera. Aunque no existe una medida estándar que defina este tipo de procesos, estos normalmente comprenden la importación de valores democráticos, el diseño e implementación de un sistema constitucional y de un régimen de derechos humanos, la promoción de otros valores políticos y culturales de sociedades extranjeras considerados adecuados para la modernización y el progreso social, entre otros.

No obstante lo anterior, hay que recordar que, como mencionó el Presidente Joe Biden, el objetivo -al menos inicial- de la presencia militar estadounidense no era rediseñar las instituciones políticas de Afganistán. Estados Unidos intervino en el 2001 haciendo uso de un controversial, aunque legítimo, derecho de defensa en reacción a los atentados del 11 de septiembre. En realidad, el objetivo de la Operación Libertad Duradera, como fue denominada la intervención militar de 2001, siempre fue impedir que Al-Qaeda continuará usando el territorio de Afganistán como base para sus operaciones terroristas en perjuicio de los Estados Unidos y sus aliados.

Es evidente que la guerra en Afganistán generó un desplazamiento de poder de los talibanes como grupo insurgente y patrocinador de Al-Qaeda, hacia un gobierno con matices democráticos, liderado hasta hace poco por el presidente Ashraf Ghani. Se supone que al democratizar y reconstruir las instituciones de Afganistán, los riesgos de sufrir futuros ataques terroristas serían menores.

En ese sentido, posteriormente se diseñó un proyecto para la reconstrucción de Afganistán, mediante la suscripción del Acuerdo sobre Arreglos Provisionales en Afganistán Pendiente del Restablecimiento de Instituciones Gubernamentales Permanentes (acuerdo de Bonn, 2001), el cual fue respaldado por diversos actores internacionales, incluyendo los Estados Unidos.

Sin embargo, esto no implica la existencia de un deber de los Estados Unidos de permanecer de manera indefinida en el territorio Afgano. El hecho de que este país haya contribuido financiera y militarmente por casi dos décadas a la restructuración de Afganistán no significa que fuera exclusivamente su responsabilidad.

De acuerdo con la escuela de pensamiento del liberalismo internacional, la cooperación internacional es esencial para la solución de problemas comunes. Sin perjuicio de que, según el principio de autodeterminación de los pueblos, corresponde principalmente a Afganistán velar por su estabilidad social y seguridad, considero que indudablemente existe un deber ético de apoyar en su reconstrucción. Pero como el resurgimiento de los talibanes representa un riesgo para la seguridad internacional, sería un error pensar que esta es una tarea exclusiva de un país.

Además, independientemente de los beneficios que supone reconstruir y estabilizar Afganistán para la seguridad internacional, prolongar la estadía de las tropas estadounidenses de manera indeterminada en el territorio afgano podría malinterpretarse como una medida hegemónica y contraria a los principios liberales.

La crisis en la que se encuentra sumergida Afganistán desde antes de la intervención estadounidense es motivo suficiente para justificar el apoyo internacional en la reconstrucción de la nación afgana, pero atribuirle esa responsabilidad únicamente a los Estados Unidos sería lo mismo que asignarle un rol de policía internacional, el cual ha sido fuertemente criticado en otras ocasiones.

En consecuencia, es deber de la comunidad internacional buscar las soluciones colectivas para contener esta crisis, la cual no solo supone un peligro para las personas en Afganistán, sino también para la seguridad internacional.

El autor es miembro de la Fundación Libertad


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