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Fiestas Patrias

El reto de los 117 años

Este año los tambores no suenan en las calles con el acostumbrado ton y son que, marchando al ritmo de nuestros latidos, remembran sincrónicamente el día y la hora en que nacía una Nueva Patria sin dejar de transportarnos cada 3 de noviembre al momento en que la acción separatista se gestó.

Esa patria, que como dijera Rubén Blades, son tantas cosas bellas. Patria de gente buena y trabajadora. Gente que no se rinde y que, frente a la adversidad, se levanta y conquista sus miedos para superar la dificultad. Una nueva República, libre, soberana, para todos y todos los panameños y panameñas. Un país para que las generaciones futuras lo hicieran grande, no en tamaño, sino en su fuerza y su magnificencia. Pareciera que Bolívar profetizó nuestro destino en la Carta de Jamaica, cuya esencia se refleja en el lema de nuestro escudo: “Puente del mundo, corazón del universo” . En 1903, Panamá apenas salía del fracasado intento del canal francés. El nuevo Estado se erigía, no, ostentoso; sí, galante, sin muchas distinciones, pero con muchas ganas de salir adelante y demostrar su valía.

Y fue creciendo el pequeño país, en tamaño y en fuerza; con un espíritu inquebrantable que deja claro que la unidad puede más que mil ejércitos. Pese a las injusticias y avasallamientos y un tratado que la historia sentencia no firmó ni un panameño, fue la sangre derramada de jóvenes valerosos la que reafirmó la fortaleza de esta nación.

Lo que parecía imposible lo hicimos nuevamente y fue así una Nueva República, un Canal Interoceánico, un Estado Libre y Soberano, todo reflejo del valor y del ímpetu de su gente que no ha querido rendirse frente a los desafíos.

Desde su formación geológica, que algunos científicos calculan fue hace 60 millones de años, el istmo representó un impacto para la vida de la flora y fauna, uniendo los continentes del norte y del sur, sirviendo de puente para las especies e influyendo directa e indirectamente en cambios en los océanos. Fue un augurio de lo que hoy continúa siendo Panamá, el puente que une a naciones y, tras la construcción del Canal, al comercio mundial.

Quizás hoy los tambores no suenan en las calles, pero escribió Miró alguna vez, “en mí resuena toda su música”. Sigue sonando con una lírica que habla del campesino que con trabajo arduo sale a buscar el pan. De aquel buen panameño que, con poco, comparte con quien no tiene nada. Resuena con acciones que se vuelven versos cuando el estudiante que no sale a marchar por la presencia de una pandemia decide hacer patria desde casa, aprendiendo, con el deseo de aportar para el Panamá que ama.

Los panameños y panameñas no somos de rendirnos, y menos de retroceder, siempre con la vista fija en el galardón y no en la adversidad. Hoy, la Covid-19 nos ha hecho reflexionar para volver a darnos cuenta de que tenemos deudas con el país, como la desigualdad, el combate a la corrupción, el fortalecimiento de la institucionalidad, la erradicación de la pobreza y la urgencia de una educación incluyente y de calidad. Estoy convencido que este reto, agudizado aún más con la pandemia, lo superaremos. Y este 3 de noviembre, cuando cumplimos 117 años de luchas ganadas, hitos que quedarán para la historia de la humanidad y muestras fehacientes de que no conocemos imposibles, renovaremos nuestros votos una vez más. Panamá saldrá adelante.

Sigamos trabajando juntos, fortaleciendo nuestra unidad, recordando que, aunque seamos pocos, no significa que seamos menos. Batallando juntos, para que, una vez superada la prueba, celebremos. Los desafíos que vivimos hoy marcarán a nuestra generación. Es justo esta generación la que se encargará de escribir esa historia. Está en nosotros actuar para que dejemos a las que están por venir, un ejemplo del verdadero patriotismo, que más allá de portar una bandera o desfilar, se demuestra en el día a día en pequeñas cosas que hacen que nuestro país sea grande.

Luchemos por un país institucional, que garantice equiparación de oportunidades, inclusión y educación de calidad en cada rincón de la República. Aseguremos prosperidad para todos por muchos años más. Estoy convencido de que demostraremos nuevamente que superaremos este reto: saldremos adelante. No dejemos de decir con orgullo: “Soy panameño” y que ¡Viva Panamá!

El autor es periodista y miembro de Jóvenes Unidos por la Educación


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