El 2 de marzo inició un nuevo año escolar. Cientos de miles de estudiantes retornan a las aulas de clase, algunos, emocionados y llenos de expectativas. Otros, plagados de incertidumbre, esperanzados de encontrar un panorama distinto, sin los tradicionales problemas y limitaciones.
Este año escolar no puede empezar sin reflexionar que la educación no es responsabilidad solamente del Ministerio de Educación y de los docentes. Es un deber de los miembros de la comunidad educativa y de la sociedad. Debemos involucrarnos , estemos o no presentes en las aulas de clases, porque la educación y la tarea de enseñar, aún con el ejemplo, es un compromiso de todos.
Corresponde afrontar desafíos como la terminación de los proyectos de infraestructura pendientes, la ampliación de programas que han resultado ser exitosos, definir qué ocurrirá con programas como Panamá Bilingüe y la implementación de las políticas públicas del Compromiso Nacional por la Educación .
Es importante dar pronta respuesta en el caso de los 52 centros educativos que no están en óptimas condiciones y en el de las 29 escuelas que iniciarán clases en estructuras habilitadas para recibir a los estudiantes. Se estima que 5 mil alumnos de 877 mil 142 estudiantes no iniciaron clases el 2 de marzo, según el MEDUCA.
Debe ser un compromiso de cada uno de los panameños encarar estos retos, ser los principales vigilantes y gestores del cumplimiento de los acuerdos del Compromiso Nacional por la Educación y de los planes de educación en general.
En el caso del Compromiso Nacional por la Educación, se hace más urgente pues necesitamos planes que superen el quinquenio de cada administración. Hay que dar seguimiento, evaluar y cerciorarnos de la continuidad de los programas que han demostrado tener impacto, que, a su vez, deben estar en constante actualización alineados con la realidad mundial. Urge garantizar que todos los estudiantes reciban la misma calidad de educación, sin excepción ni preferencia. Y no me refiero a una calidad deficiente: hablo de calidad de educación para todos.
Cómo egresada del sistema educativo oficial, aspiro a que todos los actores trabajemos para garantizar una educación inclusiva, equitativa, de calidad, que promueva oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos, como indica el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4.
Aspiro a que todos los estudiantes que inician el año escolar cuenten con mayores y mejores oportunidades; que culminen sus estudios; que usen una computadora aunque sea una vez; que vayan a un laboratorio con los implementos necesarios; que se gradúen con un buen nivel de inglés, y que no tengan temor, cuando asisten a la escuela, de que las infraestructuras se desplomen.
Aspiro a escuelas con luz, agua, comunicación, sanidad, internet y baños dignos. Sueño que en la escuela se desarrollen habilidades blandas y poder hacer, ser, aprender y convivir. Sueño que los alumnos no sean evaluados con sistemas obsoletos sino con nuevas metodologías aplicadas a las inteligencias múltiples; que su voz sea escuchada y que salgan del sistema con una formación integral.
Hablo con conocimiento de causa: muchos como yo no tuvimos la oportunidad de contar con una educación así. Son propuestas que aspiramos sean atendidas.
Es hora de despertar, que la ciudadanía panameña comprenda la importancia de la educación y la magnitud de los problemas a los que nos enfrentamos. Recordemos que los estudiantes son el tesoro de nuestra nación y merecen tener oportunidades.
La autora es egresada del Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana y miembro de Jóvenes Unidos por la Educación