Iniciativa

Encuentros improbables

Cincuenta jóvenes de diversos sitios del país, en un encuentro improbable, nos conocimos en el Laboratorio Internacional de Incidencia Ciudadana, en 2018, Con el apoyo de Fondo Chile y Educación 2020, fue organizado en Panamá por Jóvenes Unidos por la Educación. En esta primera versión, surgieron 9 proyectos que dan respuesta a retos de la realidad nacional, atendiendo a políticas públicas educativas y de índole social.

Un año después, en otro encuentro improbable, esta vez con el respaldo del Canal de Panamá y de Jóvenes Unidos por la Educación, 150 jóvenes de todas las provincias y comarcas, nos encontramos en el Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana (LLAC) en el que se crearon 15 proyectos ambientales, educativos, inclusivos y de atención a grupos vulnerables en todo nuestro territorio.

Iniciamos, en modalidad virtual, el LLAC 2.0 en 2020 , versión avanzada, para jóvenes egresados de los laboratorios 2018 y 2019. Es un espacio que, con una ambiciosa malla curricular, pretende llevar a una segunda etapa los proyectos que generamos, a fin de asegurar su sostenibilidad, replicabilidad y escalabilidad. Es una iniciativa que busca fortalecer nuestros conocimientos, habilidades, actitudes y destrezas, para ofrecer respuestas desde la sociedad, a los

dilemas ambientales, educativos y sociales, atendiendo a poblaciones vulnerables con inclusión y sin ningún tipo de discriminación.

Los jóvenes que somos parte de este espacio tenemos proyectos que buscan enfrentar retos sociales que no datan de un año, ni de cinco, datan de décadas, consecuencia probable de escasez de Políticas Públicas de Estado, que trasciendan gobiernos y atiendan la raíz de problemas crónicos. Todos los proyectos están vigentes, incidiendo en niños, niñas, jóvenes y adultos, antes y durante la pandemia.

Que este encuentro improbable se lleve a cabo en 2020, en medio de una pandemia mundial, resalta la receptividad de sus organizadores ante la necesidad de crear un espacio común para que los jóvenes trabajemos por el país que queremos construir. Demuestra la necesidad que podamos ser parte de un movimiento juvenil que sea tomado en cuenta en las decisiones y que también propongamos los cambios que sentimos se requieren y, sobre todo, que pasemos de la crítica a la acción.

Al adentrarnos en la Malla curricular del LLAC 2.0, pudimos observar que este laboratorio avanzado apuesta a que los jóvenes entendamos de liderazgo con ética, liderazgo de servicio a los demás, no para lograr beneficios personales sino enfocados en un bien mayor: el bien común.

La alegría de poder volver a ver a mis compañeros de diferentes partes del país con la única misión de seguir trabajando por transformar Panamá es una gran satisfacción en medio de un momento tan difícil a nivel mundial, resultado de la pandemia que ha causado innumerables estragos económicos y sociales.

Estoy convencido, que en esta ocasión, seremos los jóvenes los impulsores de lograr la respuesta a los problemas que ha agravado la pandemia. Me refiero a la enorme brecha de desigualdad que hay en nuestro país, el sexto más desigual del mundo.

Los encuentros improbables, son los espacios que se crean, producto del Laboratorio. Son plataformas de convergencia de jóvenes de todo el país, heterogéneos en apariencia, pero unidos en el convencimiento que somos nosotros, quienes si nos lo proponemos, los que transformaremos Panamá. Jóvenes ingenieros, psicólogos, abogados, docentes y científicos trabajan hombro a hombro con estudiantes de institutos técnicos y chicos de escuela multigrado para buscar solucionar un reto nacional. Cada uno es un protagonista que aporta, desde su espacio, diferentes visiones de un proyecto. Se crean con el objetivo que perduren, para que estos encuentros improbables marquen un antes y un después en la vida de los que participamos en el laboratorio y en la de los beneficiarios del programa. Se diseñan e implementan con la visión de trascender una intervención temporal y convertirlos en proyectos duraderos de alto impacto que beneficien a quienes más lo necesitan. Nos apoyamos entre nosotros con fe y compromiso. Como dice nuestra mentora en Jóvenes Unidos por la Educación, queremos ser constelaciones, no meras estrellas.

Trascender de criticar y convertirnos en agentes de cambio es parte del decálogo de Jóvenes Unidos por la Educación. No somos jóvenes que nos quedamos en el diagnóstico: proponemos. No somos un grupo de jóvenes que buscamos solamente un encuentro improbable para hacer amistades. Somos jóvenes que buscamos un espacio para incidir y transformar a Panamá. Y cada vez somos más.

El autor es Egresado del LIIC 2018 y miembro de Jóvenes Unidos por la Educación

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