El incremento astronómico de la deuda pública panameña no está siendo acompañado por un plan económico de respaldo, mediante el cual se conozca dónde y cómo se va a invertir. El aumento está principalmente vinculado, no con una estrategia de inversión, sino con la necesidad de tapar el cada vez peor déficit fiscal. El gran problema es que los ingresos tributarios no cubren las finanzas públicas. Y no lo hacen porque los gastos del gobierno son excesivos, porque sigue de manera irresponsable, incurriendo en más gastos por encima de los ingresos que genera, teniendo que compensar la diferencia con deuda. No hay contención ni hay ahorros; solo derroche y despilfarro.
Solamente en 2021, la deuda pública creció en $4 mil millones. Porque mientras la economía se recupera con el enorme esfuerzo del sector privado, el cual puso todo el sacrificio exigido y forzado por el gobierno durante lo más profundo de la pandemia, éste, en lugar de reducir el déficit fiscal, lo aumentó y lo sigue aumentando. La empresa privada, a pesar del golpe financiero provocado por los cierres impuestos, se está levantando.
Pero el gobierno no ha hecho lo suyo. El plan de reactivación económica recibido del sector privado no inicia y sigue derrochando dinero a manos llenas. Aparte de que la pandemia implicó paradójicamente muchos más gastos inusuales, contratación de personal no sanitario, aumento de salarios insólitos, despilfarro inusitado y costos no habituales de parte del gobierno (cuando debió ser lo contrario). Es decir, se aprovecharon de los fondos públicos para beneficiar bolsillos personales.
No existe una balanza en la manera como deben ambos, sector público y privado, afrontar los retos. Toda la carga se le impone a la empresa privada, mientras el gobierno despilfarra. No apuestan al endeudamiento ante la necesidad de recursos para nivelar el presupuesto del Estado, absolutamente. Lo que busca este gobierno es continuar con el clientelismo salvaje y el derroche de fondos públicos, para que estos lleguen a los bolsillos de los funcionarios (diputados, alcaldes, representantes, etc.).
La pandemia ya no puede ser la excusa, una muy mala e innecesaria, por cierto. Simplemente, para este gobierno y para un ministro del MEF carente de criterio, iniciativa y temple, solo existe el endeudamiento astronómico para que el país avance. Nunca hubo ni habrá (por lo menos hasta el 2024) ni ahorro, ni austeridad, ni transparencia ni “Pacto del Bicentenario” para frenar el descontrolado gasto público. De eso podemos estar seguros. Seguirán utilizando el endeudamiento exagerado e ilimitado como fuente de supervivencia. ¿Hasta cuándo aguantará el país está situación?
El autor es abogado

