‘JUEGA VIVO’.

El enemigo número uno del país

Si tuviéramos que identificar al peor enemigo de Panamá, yo diría que es claramente el "juega vivo".Muchos criticamos a nuestros gobernantes por déspotas, ladrones, aprovechadores, etc. Nuestros gobernantes no han caído de la luna, ellos han salido de la sociedad panameña y, en general, son su fiel espejo.

Si buscamos en la internet cuáles son los países con mejor calidad de vida, veremos que en ellos no existe la cultura del "juega vivo" y al que la practique se le aplican los castigos correspondientes.

Disculpen que compare a Panamá con países donde se vive dignamente, pero me enseñaron que siempre hay que aspirar a lo mejor y asumo que la sociedad panameña a eso quiere llegar.

El "juega vivo" es como un poderoso boomerang, siempre regresa con más fuerza al que lo lanzó, tarde o temprano. Así que de nada sirve aprovecharse de las "aparentes" situaciones favorables. Solamente cuando todos se benefician estamos hablando de beneficios reales y duraderos.

El "juega vivo" se hereda de generación en generación y es altamente contagioso. Las cosas más increíbles se empiezan a tomar con la naturalidad del que se lava los dientes.

Durante mi último viaje a Panamá me dijo una buena amiga: "en Panamá se hacen los proyectos únicamente si con ellos se puede robar, así que el de la bahía de Panamá sí se va a hacer por esa razón". ¡Qué maravilla! Y mientras tanto la gente viviendo al lado de un tanque séptico, con su contaminación y olores dignos de una fosa común en medio de la que hasta hace poco fue una bella ciudad.

Si la sociedad panameña no reacciona con las muertes de hambre de nuestra población, con el estado caótico del transporte y la infraestructura, con la falta de salud y educación del pueblo, con el nivel de crimen y de violencia que vivimos, con nuestros gobernantes haciendo leyes que les convienen, etc., prepárense señores porque viene algo peor.

Si por el contrario aspiramos a vivir en paz y prosperidad, tenemos que empezar por actuar correctamente en nuestra vida diaria: como padres de familia, como estudiantes, como empleados o jefes, como ciudadanos en general. Si la raya entre el bien y el mal ya está borrosa por el abuso, antes de actuar preguntémonos: ¿"me gustaría que me hicieran lo mismo?". Ese marcador nunca falla. O tal vez, ¿"con mi acción estoy contribuyendo positiva o negativamente al bien común de mi país?". Las acciones neutras no existen.

De sociedades saludables salen gobernantes saludables también. Debemos tener mucho cuidado qué ejemplo damos a los demás. Tenemos que mirar con una lupa a los gobernantes que elegimos. No oigamos lo que dicen y prometen, sino veamos de dónde vienen, cómo viven, de quiénes están rodeados.

Para ser un buen gobernante, o un buen ciudadano, no se necesita ser un científico de la NASA. Con 10% de talento y 90% de trabajo arduo y honrado, es suficiente.

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