AHORRO PARA LOS CONSUMIDORES

De energía, combustibles y comercialización

La energía, definida por los especialistas como la capacidad de hacer un trabajo, es en el fondo la esencia del universo. Los vegetales con la energía solar, la clorofila y otros elementos, producen la alimentación del mundo animal. Lo que une a los neutrones, protones y electrones en el átomo es energía y, a su vez, ello forma la materia.

Einstein relaciona la materia con la energía, como las dos caras de una moneda, sentando sin querer el principio básico de la bomba atómica. Rompe el núcleo de los átomos en una reacción en cadena y liberarás una monumental cantidad de energía.

Cómo obtener energía no contaminante, económica y abundante para satisfacer la demanda energética de 7 mil millones de personas en el mundo, se ha convertido en el principal problema de la humanidad, aunque la mayoría no se percate aún. Ello se complica al considerar que la población mundial va en aumento y que incorpora cada vez más individuos a un nivel de vida más alto, por lo que van a consumir más energía.

Al momento hay múltiples investigaciones y estudios que se están realizando alrededor del mundo en búsqueda de fuentes alternas de energía que sean económicas, eficientes y limpias, lo que contempla, entre otras, la solar, el uso de bacterias y algas, el biocombustible, la corriente de los ríos, el viento, el hidrógeno, baterías celulares, la atómica, las olas de los mares y las mareas, y el uso de desechos.

El Estado panameño debería participar a través de Senacyt en las investigaciones al respecto, para cuando, logrado el éxito, ser uno de los primeros en beneficiarse del nuevo y más eficiente proceso de generar energía que resulte de las investigaciones, lo que a su vez significa ahorro para los consumidores y mejor capacidad competitiva de nuestros productores, sin descontar las regalías que podría obtener el Estado como socio en la empresa e investigaciones.

Para la comercialización de la energía en sus diferentes presentaciones, particularmente los combustibles, debería crearse un ente especial, por ejemplo, un patronato (ni gobierno ni empresa privada), que se encargue de la compraventa al por mayor de gasolina, diésel, queroseno, bunker, jet fuel y gas para cocinar. La distribución al por menor quedaría en manos de la empresa privada. El patronato le vendería a los minoristas al costo más sus gastos. Por lo tanto, el margen de ganancia que tienen las empresas hoy nos lo ahorraríamos, lográndose así el primer beneficio. Al comprar para todo el país, el patronato tendría mayor poder de negociación y se podrían obtener mejores precios a través de mecanismos como la subasta, en donde se compraría a quien ofrece el precio más bajo y ello representaría el segundo beneficio.

Adicionalmente, el Estado obtendrá una base confiable sobre la cual fijar los márgenes porcentuales de ganancias que los minoristas pudieran aplicar. Por último, el patronato podrá también sacar provecho de compras a futuro y trasladar al consumidor el ahorro, a cuyo respecto, si la empresa privada al momento está haciendo lo primero, dudo que traslade al consumidor lo segundo.

Posteriormente, al patronato deberá asignársele todas las empresas relacionadas con la producción, distribución y cobro de la energía eléctrica y las de comunicaciones. El problema fundamental en cuanto a la eficiencia de las empresas en todas las industrias señaladas, es que, por naturaleza, operan bajo condiciones de monopolio u oligopolio, las peores y más ineficientes formas de producción en nuestro sistema capitalista.

Es de observar que los combustibles, el gas de cocina, la electricidad y telefonía tienen un impacto muy grande en la economía tanto de las empresas como en la de los consumidores y afectan significativamente el bienestar de todos, por lo que sus respectivas industrias no deben dejarse en manos de la empresa privada, especial y particularmente en los casos de países tan chicos como Panamá, y más aún si consideramos su relación con la mala distribución de la riqueza y la fuga de divisas en el caso de las compañía extranjeras.

En todas partes del mundo dichas industrias tienen un gran poder y hacen lo que les viene en gana. En Panamá todo el país es un mercado cautivo para ellas y disponen de todo tipo de regulaciones que las protegen, amén de los altos precios que imponen. En el caso del gas de cocina, el Estado ni siquiera ha podido obligar a dos míseras empresas a que establezcan una válvula universal.

Siendo ello así, no veo por qué nosotros, como sociedad, a través de un patronato, no podamos explotar el negocio de las industrias antes mencionadas, si somos nosotros, al final de cuentas, los que pagamos la fiesta.

Por ejemplo, se me ocurre que el patronato podría establecer que por cada contrato de electricidad o teléfono se otorgue una acción, y que al final del año el patronato reparta dividendos entre los socios, o sea entre nosotros. Con el patronato tendríamos entonces mejores precios y hasta ganancias.


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