Una relación que funciona es como una llave en la cerradura. Esta es la razón por la cual la llave tiene que encajar en la cerradura, porque en el instante en que una de las dos atraviesa un mal momento, hay una crisis emocional. Por ello, salgamos a relacionar nuestros acuerdos de permitirnos mutuamente ser lo que somos. De este modo, la relación es algo distinto, tiene otras características y puede ser algo realmente bello en su totalidad.
Las enseñanzas que nos va a dejar la Covid-19 y sus variantes son precisamente a tener relaciones familiares sanas y vamos a tener que aprender a meter cada quien su nariz en un tinaco limpio.
Lo que queremos compartir en estos momentos no es la basura, sino el amor, la relación romántica, la comprensión. La corona de este virus establece una guerra de control, ahora se trata de servirnos. Solo es posible hacer esto cuando el amor que nos tenemos es común, porque cada quién tiene un gran amor. Ese amor que cada quien tiene, debe ser profundo.
Cuando existe una guerra de control en las relaciones familiares, decimos que esa actitud es humana y que existe porque fuimos domesticadas y domesticados para competir por el control de la atención. Lo que llamamos amor, alguien que me ame, alguien que se preocupe por mí, no es amor, es egoísmo. El egoísmo no funciona porque en él no hay cabida para el amor. Después de la domesticación, se trata de no ser bueno para nadie más. Tenemos que ser respetuosos de ese amor con sinceridad, honestidad y humildad.
Tomar conciencia es ser responsable de la propia vida. Todas las personas tienen un valor y la vida debe respetar ese valor, pero eso no se mide en dólares ni con oro; se mide con amor.
Hoy estamos adentro de una bóveda contemplando criptas de familiares amados que se fueron a vivir en el azul celeste de nuestra mente y que han permitido que estemos con mascarillas o tapabocas, libres de remordimientos, permitiéndonos meditar en armonía, con mucho respeto y con alegría no sentir la necesidad de decirles qué deben pensar o cómo deben ser para lograr ser genuinamente amorosos en estos momentos difíciles.
Hoy es el día del nuevo comienzo. Debemos empezar hoy de nuevo con nuestras vidas, con el poder del amor propio y de nuestro contorno para poder disfrutar las relaciones familiares. Explorar la vida, arriesgarnos a estar vivos y a no vivir más con miedo al amor.
Lectores y lectoras, al abrir nuestros corazones al amor que nos corresponde por derecho de nacimiento, ayudamos a otras personas a convertirse en maestros y maestras de la gratitud, de la generosidad, del amor auténtico y respetuoso, a fin de que seamos capaces de disfrutar de todas las creaciones; de la fauna y de la flora que nos rodean, también. Esas son las enseñanzas que nos deja Covid-19. Delta y Ómicron.
La autora es educadora
