Desarrollo humano

Equidad educativa en tiempos de la pandemia de la Covid19

Los resultados de las Pruebas censales CRECER 2018, son poco alentadores para el sistema educativo: Alrededor del 51% de los estudiantes de tercer grado no tienen conocimientos básicos en Español y en Matemáticas, las deficiencias alcanzan un 49% . Esta realidad se complica en las comarcas, donde las deficiencias superan el 80% en tercer grado. Las deficiencias no ayudan a superar los índices de precariedad, que alcanza el 90% de la población en estas áreas.

Urge una buena educación inicial y primaria, en especial, en las comarcas, por ser la tercera región educativa con mayor cantidad de estudiantes.

La educación inicial y primaria son cruciales. Es menester que el entorno completo se involucre. Este involucramiento no disminuye la responsabilidad de los docentes, sino que implica un mayor compromiso de los adultos, la sociedad civil y las figuras de autoridad que refuercen la importancia de aprender. Una buena educación básica promueve mayor retención escolar.

Panamá enfrenta un reto inédito en Educación, consecuencia de la Covid19. Es el momento oportuno para que los jóvenes ofrezcan sus cualidades y destrezas al servicio de la educación de miles de niños en comarcas y en áreas de extrema pobreza.

Es muy preocupante que una brecha tan evidente ocurra en un mundo que cambia cada vez más rápidamente de la mano de la tecnología y en un entorno de pandemia. Es hora de romper los paradigmas educativos.

La educación virtual, a través de plataformas digitales, vino para quedarse. Es un imperativo considerar la implementación de esta alternativa formativa para nuestros niños, niñas y jóvenes en áreas comarcales que tanto lo necesitan, a partir de la educación inicial. Para ello, el acceso a internet es estratégico.

Muchas de las competencias para la vida se desarrollan con mayor facilidad y efectividad desde la primera infancia. Conceptos esenciales como el aprendizaje social, los valores y el respeto a las figuras de autoridad, contribuyen de forma determinante en el desarrollo del potencial cognitivo y emocional, así como en las actitudes de los futuros ciudadanos.

El hecho de que muchos jóvenes no crean en su propia capacidad, que consideren que la educación es una pérdida de tiempo, que no encuentren cómo ganarse la vida honradamente es, en parte, debido a que no aprendieron lo que debían. Aunque no sean responsables de ello, por razones obvias, sufren las consecuencias. Como adultos, pueden decidir qué patrones repiten y cuáles modifican. Cambiar algunas actitudes aprendidas durante muchos años y transformarlas en deseos de estudiar, de esforzarse, de tratar de hacerlo bien desde el primer intento, de querer “comerse el mundo”, o de ser proactivo, no se cambian de un momento a otro.

Urge que nos sensibilicemos. La disminución de la desigualdad se da, de forma sostenible, educando con calidad y equidad a los que menos tienen para que puedan aprovechar las oportunidades que sí han tenido aquellos más educados. Se trata de oportunidades que hoy, muchos jóvenes panameños no pueden ni siquiera identificar.

Una educación integral promueve la responsabilidad social intergeneracional de contribuir con el desarrollo del entorno y retribuirle al país a través del compromiso, desde el presente, al futuro de los menos afortunados. Es solidaridad en tiempos de infortunio. Es la empatía que debemos practicar siempre.

El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación

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