“Repetir lo mismo una y otra vez esperando obtener un resultado diferente es síndrome de locura”. Cada cinco años durante los últimos treinta, hemos venido haciendo exactamente lo mismo, y miren los resultados. Hoy, ante la falta de un liderazgo firme y comprometido, la sociedad en su conjunto debate la conveniencia o no de invocar un proceso constituyente que para los efectos de la República de Panamá resguarda el artículo 314 de la constitución vigente, y que denomina: “Asamblea Constituyente Paralela”, concepto este que algunos grupos consideran espurio e ilegítimo por aquello de la constituyente originaria; generando también, justificado o no, miedo e incertidumbre en ciertos sectores tradicionalistas de la sociedad, a los que aprovecho manifestar que si de miedos e incertidumbre se trata, debieran promover y defender un sistema distinto al actual, pues en una democracia el poder público sólo emana del pueblo (artículo dos constitucional), ese mismo que elige con acierto o desacierto a quienes otorga la responsabilidad de administrar la cosa pública. Sin embargo, otros (como yo), ante la evidente falta de alternativas, lo vemos como la única opción civilizada, y no traumática, para recuperar la institucionalidad del Estado y de paso enfrentar y retomar el espacio político asumido por la corrupción y sus acólitos.
Este viaje u odisea (que garantizo repleto de obstáculos, léase misiles procedentes de los enquistados) iniciado por diversos y disímiles sectores de la ciudadanía, es consecuencia directa de la inacción o acción por omisión de quienes delegaron en terceros lo que en teoría era su ineludible responsabilidad, abandonando en el camino, sin el necesario respaldo político ante la Asamblea Nacional de Diputados al “Consejo de la Concertación Nacional para el Desarrollo” (responsables únicos del documento presentado) lo que a la postre significó el consabido fracaso de esa propuesta, fundamentada en el numeral dos del artículo 313 constitucional; y aunque es harina de otro costal, con dolor les digo que lo mismo ocurrirá con el diálogo nacional por la Caja del Seguro Social.
En el Evangelio de Mateo, la parábola de los talentos forma parte de un largo discurso que tiene por eje principal el tema de la vigilancia con motivo del juicio final y la enseñanza fundamental en el marco del cristianismo es clara: que Dios confía sus dones o talentos a los hombres con la obligación de que los desarrollen, que espera una respuesta fructífera por parte de cada uno, y que la inactividad por miedo, exceso de precaución o cobardía, pereza, o simple omisión consciente en hacer rendir los talentos recibidos es criticada por el propio Jesús.
“Beisbolísticamente” hablando, la recolección de las aproximadamente 600 mil firmas, es en el proceso constituyente llegar a primera, y de allí en adelante recorrer el resto de las bases, vale decir, luego de acoger las iniciativas, el Tribunal Electoral hará la convocatoria para la elección de sesenta constituyentes, quienes proporcionalmente representarán a los panameños y panameñas de todas las provincias y comarcas (permitiéndose además la libre postulación) los que tendrán la responsabilidad de redactar y proponer para su aprobación o rechazo mediante referéndum una nueva constitución. En resumen: las firmas representan la primera base; el sistema electoral aplicable a definir por el Tribunal Electoral la segunda; la elección de los sesenta constituyentes la tercera; y el referéndum el home plate.
De mis clases de filosofía y lógica en el Colegio Abel Bravo conmigo siempre llevo a Descartes y Unamuno con sus “pienso luego existo” y “porque soy pienso” respectivamente, y excepto por los impuestos, actúo por convencimiento y no por influencia u obligatoriedad, por lo que formalmente declaro estar más que convencido que este es el momento del pueblo panameño en la definición de su destino manifiesto.
El autor es amigo de la Fundación Libertad
