Los escándalos de corrupción parecen ser el pan nuestro de cada día bajo la administración de Laurentino Cortizo, y han echado por tierra todas las promesas de transparencia o “buen gobierno” prometidas durante la campaña electoral.
Los antecedentes recientes sobre gestiones turbias en la utilización de los recursos del Estado y, ahora, por figuras del Molirena en la Lotería Nacional de Beneficencia, parecen ser suficiente material para que la población otorgue al gobierNito la corona “Gran ave rapaz”, por todos los actos de corrupción cometidos en menos de dos años.
Sin embargo, este escenario de corrupción, latrocinio, demagogia, desesperanza y futuro incierto, que ha minado la administración pública, puede ser rectificado de forma democrática y pacífica. Dependerá de cada uno de nosotros valorar la gestión de los altos cargos públicos y discernir quiénes de ellos han cumplido con su misión de servir a la patria.
Hay que dejar atrás esa pasividad que en los últimos años ha permitido a los que detentan el poder hacer lo que les venga en gana, incluyendo amasar millones de dólares en detrimento de la sociedad. Es la participación activa de la gente buena, honesta, trabajadora y responsable la que logrará esos cambios que tanto anhela la mayoría de los panameños que queremos un país libre de corrupción.
Es tiempo de manifestarnos con mayor convicción y dejar de lado las críticas del mundo virtual o porlas redes sociales. Ya debemos dejar los celulares y nuestra zona de confort, es importante tomar acciones —movilizaciones pacíficas, actividades cívicas o participar en organizaciones políticas— que hagan entender a los funcionarios que Panamá no es su finca personal.
En décadas pasadas, incluyendo las memorables protestas de la Cruzada Civilista contra la dictadura militar, se demostró que los panameños tenemos la capacidad de lograr transformaciones importantes cuando nuestra conciencia cívica despierta. Hemos podido frenar los excesos o abusos de aquellos que se sirven del poder para beneficio personal y no para ayudar a las mayorías necesitadas de nuestro país.
Vale la pena recordar a ese gigante pacifista Mahatma Gandhi al decir: “Si quieres cambiar al mundo, cámbiate a tí mismo”, en abierta alusión al cambio social que siempre anhelamos, pero que poco esfuerzo hacemos para alcanzar. En buena medida, esto ya hasta parece una ilusión.
Insistimos en que nuestro pueblo está compuesto, en su gran mayoría, de gente honesta, por lo que estamos seguros de que, de forma sabia y sagaz, vamos a liberar a nuestro país de las garras de la corrupción.
El autor es civilista, economista, abogado y empresario.

