La música debe llegar a todos los ciudadanos por igual. Una forma es a través de la educación que reciben los chicos en sus casas y después en las escuelas.
El profesor colombiano Juan Antonio Cuéllar está convencido de que la música y las demás artes transforman en hombres y mujeres de paz a los niños, jóvenes y adultos que tienen acceso temprano a la cultura.
Su colega, la mexicana Luciana Jiménez, destacó lo imperativo que en los colegios de toda América Latina la música esté presente en los planes de estudio y que a su vez se dote a los colegios de instrumentos y partituras de géneros variados, así como de maestros formados y bien pagados.
Agrega Jiménez que es esencial que en los planteles iberoamericanos se escuche la música tradicional de todos los países que la conforman, para que los lazos entre todos sea más fuerte.
Juan Antonio Cuéllar rememoró que la música hace feliz a la gente, que ayuda a sacar a flote la creatividad y que es una manera eficaz para aprender sobre el pasado y el presente del mundo.
Fue entonces cuando Miguel Ángel Cañas, líder de Revolución Hip Hip en Guatemala, resaltó que los Estados, las instituciones educativas y los organismos internacionales deben tener en mente que la música es variada y que no pueden apoyar a un género y a otros no por considerarlos sin valor.

