En la década de 1990 comenzamos a leer de la tendencia metrosexual del hombre fashionista de cierto estrato social, que invertía más tiempo y dinero de lo usual en el cuidado de su apariencia, el heterosexual metropolitano.
Se discuten entonces las teorías de desambigüedad sexual y renovamos el mito de Narciso. Hoy es más democrático el asunto gracias al poster boy del metrosexual, David Beckham, el chico de barrio, estrella del fútbol, dueño de lindos bíceps tatuados, cabellos y piernas de oro. Ahora vemos a los Beckham wannabes de exageradas cejas sacadas, cabello con mechitas, camisas ajustadas, jeans a la cadera y correas blancas.
No estoy en contra de que el hombre cuide su apariencia y su salud, pero llegamos al colmo con las copias criollas empujadas por la necesidad de ser igual a o más que, llegando a crear una imagen emasculada del hombre. El carnaval de botox alcanzó al macho, agregándolo a las listas fallidas de look felino y labios de colágeno. Hasta el olor a macho desapareció, y una visita por los anaqueles de toilette asalta la vista con paliativos para él y ella a precios exagerados.
Las mujeres nos encontramos deseando un neandertal con el que no tengamos que pelear la ropa ni el turno en el salón de belleza ni espacio en el clóset, o un teletransportador que nos lleve a la galaxia de los hombres de verdad.
No parece ser una tendencia para hacerse atractivo a la mujer o sentirse a gusto, sino para pavonearse como vallas publicitarias iluminadas con pedrería, base y lápiz labial.
A través de la historia hemos conocido versiones de estas tendencias de forma sin fondo donde la sociedad es victimizada por un estilo superfluo. En el siglo XVII los hombres de estratos altos usaban rubor, grandes pelucas y vestían de tacos. Los hindúes de buena familia se bañaban en esencias, usaban ropaje fino, maquillaje y joyas. En la era victoriana existió el dandi, con su sortija de opio, sus pañuelos y afectaciones. Y el metrosexual non plus ultra, Narciso, que murió ahogado al intentar atrapar el espejismo de su hermosa imagen proyectada por las aguas de un lago.
La autora es actriz y traductora-intérprete.
