Basta recorrer la ciudad para reconocer la cantidad de obras que se construyen simultáneamente. Hospitales, puentes, veredas, calles y autopistas; casas y edificios rascando el cielo. Algunas de estas construcciones parecieran olvidadas por los arquitectos. En la entrada de Altos de Las Acacias, se encuentra un puente vehicular en completo abandono; el área de trabajo ya lleva meses en desolación y desidia. En la misma situación está el paso peatonal de Las 500 en San Miguelito y la carretera en Villa Zaíta. A pesar de la incapacidad para entregar las obras a tiempo, se siguen abriendo trochas en otros lados, como en la vía hacia Felipillo. Los que se ahogan cada día en el tranque viajan imaginándose una avenida a cuatro carriles.
Volvemos a la interrogante: ¿qué esperan para terminar? Las primeras respuestas vienen de los analistas políticos del barrio: están esperando que la campaña política se arrecie. Los candidatos tendrán la oportunidad de acompañar al funcionario como invitados al corte de cinta, su imagen aparecerá en los medios.
En la entrada de Las Acacias murieron más de 40 vecinos, personalmente he escuchado las narraciones de estos accidentes, que luego de varios años no pueden olvidar. El puente está en construcción. Prometido muchas veces, fue hasta el año pasado cuando se empezó a levantar, sin embargo, se están demorando mucho.
Esta demora en nada ayuda al caos vehicular que se ha formado frente al nuevo supermercado a la entrada de la barriada. Autos y peatones salen de todas partes sin la presencia de los agentes de tránsito. Unos metros más adelante, en la plaza comercial, hay dos accidentes diarios, el Tránsito no hace nada y el ministro no coopera. Siga usted derecho y se encuentra con una vía en reparación, donde escaso personal trabaja muy poco. Tómenlo con calma, compañeros, aún nos hace falta el candidato.
El candidato, por su parte, se pregunta cada día: ¿qué le digo al pueblo para que me elija? Se aferra al discurso, a la palabra para convencer. Los publicistas le trabajan la imagen y le dicen que no hable mucho, “mejor sales mudo”. Algunos pensaron que grandes estructuras viales serían sinónimo de perpetuidad, ya tenemos cuatro carriles hasta Costa Rica e, incluso, un nuevo puente sobre el Canal y los electores miraron para otro lado.
El pueblo escucha, observa y analiza el actuar de nuestros líderes. No se necesitan agitadores que intimiden con movimientos, que al final buscan gobernar fuera de los esquemas democráticos establecidos.
Todo ministro debe ser un buen político, atento a las necesidades de los ciudadanos bajo su departamento. El bien de los ciudadanos por encima de mis intereses personales o partidistas es la fórmula ganadora. Hay veces que políticos de esta clase no cuajan en los partidos organizados, sus compañeros los ven como extraños en una sociedad donde llevamos años aprovechándonos de la política. Al buen político y ministro le puede quedar la satisfacción de haber cumplido su deber; saber que nunca más ha vuelto a morir un padre de familia al intentar cruzar la calle para ir a su trabajo.
