¿Por qué no funciona el confinamiento en Panamá? Hasta la fecha, es la única medida capaz de reducir los contagios, por lo menos en una primera etapa. Después, al reactivarse la vida cotidiana, surgen rebrotes que ponen de manifiesto que no hay que bajar la guardia y que podemos volver al principio de la tragedia si no ponemos cuidado.
Otra cosa es lo económico. No se puede estar siempre encerrado, pero pregunto ¿por qué no hemos podido reducir los casos en una primera etapa, volver a abrir el país y seguir en la misma lucha en la que están otros países en este momento? Algo no estamos haciendo bien si después de casi cinco meses no vemos luz al final del túnel.
El estado de incertidumbre es lo que nos queda del Estado y eso es así desde hace años. La transición democrática ha sido sólo por escrito y no ha calado ni en el espíritu de los políticos ni en el de los ciudadanos. Esta pandemia nos ha descubierto lo frágiles que hemos sido siempre y cómo nos han engañado y nos hemos dejado engañar. La democracia se construye, no cae hecha del cielo.
No funcionan las medidas sanitarias porque no confiamos en las instituciones, porque se nota la improvisación (sí, esta es una situación inédita, pero ya ha pasado mucho tiempo y no avanzamos), se nota la opacidad y sobre todo, se nota que no aguantan las presiones. Estamos a la deriva, cansados del encierro, con malos pronósticos y siguen tratándonos como a niños.
La incertidumbre agota. Necesitamos certezas, no sobre cuándo acabará esto, sino sobre qué hay que hacer y cómo hacerlo. Tanto titubeo, tanta petición de unidad son síntomas de que el gobierno se ha equivocado y no sabe cómo rectificar. Si en otros países una cuarentena larga funcionó en una primera etapa, aquí tiene que ser igual y si no es así, en algo hemos fallado, en algo nos están fallando.
El autor es escritor