Libertades

¿Estado policial o de emergencia?

Con la confirmación del primer caso de covid-19 en Panamá el pasado 9 de marzo, pasamos de la incertidumbre del “¿cuándo llegará el virus?” a la incertidumbre de vivir con los vaivenes impuestos por las decisiones del gobierno. Estas medidas no solo se han caracterizado por restrictivas, ineficientes e incongruentes, sino que también transgreden nuestras garantías constitucionales más básicas, como el libre tránsito.

El alto riesgo de infección de esta enfermedad amerita estrategias para la reducción de la curva de contagios, sin embargo, otras problemáticas tan básicas como la alimentación atormentan a muchos. Aunado a esto, la ayuda económica es poco accesible, y las evidentes fallas logísticas en la entrega de bonos en conjugación con las restricciones por cédula y género solo causan más aglomeraciones, filas interminables y más exposición a contagios, y para colmo de males, no se vislumbran soluciones para mejorar el sistema de transporte o de calles para un efectivo distanciamiento social.

Estamos preocupados por no tener una solución, porque a pesar de tener una de las cuarentenas más estrictas, estamos lejos de una reactivación social y económica como la han tenido otros países. En contraste, las medidas implementadas en Panamá se han traducido en criminalizar actividades cotidianas como pasear a tu perro o practicar deporte, así sea en solitario, y con todo eso, los reportes de crímenes violentos se mantienen como si no hubiese una pandemia, mientras tanto, la limitación a realizarse las pruebas en el sector público, o la propuesta de drones para medir temperaturas, han demostrado una interminable improvisación, dejándonos a expensas de un Estado en el que el plan es que no hay plan.

Extrañamos el poder sentir el calor humano, y algunos no se despidieron de los que fallecieron a causa del virus. Vemos personas siendo detenidas con brutalidad policial por protestar por la falta del bono, claramente insuficiente, violando nuestro derecho de protestar de manera pacífica.

No tenemos respuestas y cada día nos hacemos más preguntas. Extrañamos esos días de compartir con la familia, de días de abrazos, de eventos llenos de alegría, de disfrutar de la naturaleza y de nuestro bello Panamá. Los comunicados han romantizado la pobreza. Es decir, muchos medios han presentado niños caminando horas para conseguir una señal de radio, o no tener acceso a tecnologías importantes, como si el internet o la educación no fueran un derecho fundamental que debería ser un proceso sencillo y accesible para todos, si no tenemos acceso a lo mínimo, y tampoco podemos oponernos libremente a ello, ¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra calidad de vida?

Lo positivo es que estamos despertando la consciencia colectiva, sabiendo que somos mayoría y que merecemos libertad, exigiendo una solución real a la crisis sanitaria, exigiendo que se nos explique la fuente del porque se toman las decisiones. Claramente será un reto, pero estamos en tiempos decisivos para una transformación. Debemos saber que podemos hacer para poner de nuestra parte en esta crisis. en la que la solución claramente va más allá de estar encerrados solamente. El pueblo clama medidas sanitarias, pero obtiene autoritarismo desproporcionado. ¿De verdad tenemos medidas sanitarias o tenemos solo medidas policíacas?

La autora es amiga de la Fundación Libertad

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