El año 2019 fue complejo, productivo y desafiante. Panamá experimentó grandes cambios, una metamorfosis que marca una ruta.
La política jugó un rol importante. En los pasados comicios, los candidatos reconocieron el valor del voto joven. La ironía es que el joven panameño rara vez tiene conciencia de su papel y su potencial.
Cuando nos referimos al empoderamiento de la juventud, no hablamos de ‘’instagrammers’’. La juventud es revolucionaria. El joven naturalmente es llamado a generar incidencia, que no es lo mismo que protagonismo.
Progresamos en erradicar epítetos asociados a la juventud, como incapaces, indiferentes e inmaduros. Una evidencia del proceso de cambio es el papel de la juventud en el diálogo de reformas constitucionales. Se demostró que muchos tenemos un interés real en el mejoramiento de la sociedad.
El 2019 también fue un año de confrontación entre las facciones populares y las cúpulas políticas, en un contexto de discursos populistas propios de cada elección general.
El Estado fue protagonista de grandes cambios: la transición de gobierno en medio de una desaceleración económica; la renovación de una Asamblea Nacional e, incluso, un intento de reformas constitucionales.
Fuimos testigos de las profundas falencias del sistema educativo panameño con los decepcionantes resultados de la prueba PISA. Las pruebas CRECER son evidencia de desigualdad, desfase y desesperanza para regiones educativas enteras. Buscar culpables es absurdo. Lo crucial es salvar a los inocentes.
Diversos informes internacionales nos conectan con nuestra vergonzosa realidad: La creciente desigualdad pone en riesgo nuestra sostenibilidad.
Surge la necesidad de generar compromisos verdaderos en aras de mejorar la calidad de la educación, reformar la Constitución, combatir la corrupción, atacar la inhabilitante desigualdad que muestra su peor cara en los índices y pruebas internacionales. Urge desarrollar una ciudadanía propositiva, beligerante y participativa.
Hay nuevas autoridades, producto de las designaciones de magistrados y procuradores que se esperan oxigenen la muy cuestionada administración de justicia. Con la firma del Memorándum de Entendimiento para el Diseño y Desarrollo del Diálogo para la Reforma Constitucional entre el Ejecutivo y el Programas de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), se espera reformar la Carta Magna con la consulta ciudadana a la que aspiramos.
A pesar de la tendencia al cambio, es evidente lo lejos que estamos de alcanzar objetivos imprescindibles por falta de compromiso ciudadano y escasez de políticas de Estado.
En medio de este contexto con visos apocalípticos, surge una esperanza, parecida al momento en la saga de Stars Wars cuando la ‘’Fuerza’’ -la energía vital de los Jedi- se presenta en una nueva protagonista pese a que se pensaba extinta. Una nueva generación de líderes ha surgido en el enrarecido quehacer nacional dispuestos a dar la mejor versión de nosotros mismos y ponerla a disposición del bien común.
Nuestra riqueza es nuestra esencia. Podemos lograr un verdadero cambio si nos lo proponemos. No hace falta ser ministro de Estado o diputado para ser mejores personas o lograr transformaciones.
La filosofía de un nuevo año trae consigo la renovación de ideas, metas y sueños: es imprescindible articular nuestros ideales de progreso al compromiso ciudadano, y entender que para “ser” , no hay que hablar, hay que “hacer’’.
El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación