Esa parece ser la lógica de muchas personas que hemos visto con distancia lo que hoy está pasando en nuestro país. No hay que decirnos mentiras. Al ser humano le encanta echarle la culpa al otro, sin hacerse necesariamente responsable de sus actos. Hemos culpado a los colombianos, a los venezolanos, a los banqueros, al gobierno, a la oposición y a la pasividad de la población. ¿A quién nos falta culpar?
Lo primero que deberíamos entender es que somos parte del problema. Y también somos parte de la solución. Es así de simple. Lo que vivimos hoy es la evolución de una normalización de malas prácticas que son antiquísimas, pero que la tecnología y las nuevas formas de comunicación han profundizado.
Creemos que somos libres, pero somos cada vez más esclavos del tiempo, del trabajo, de la tecnología y del consumo. A veces miro sólo unos meses atrás y pienso: ¿de verdad no aprendimos a apreciar el valor de la vida? Hoy parece que no.
El problema de la educación no es mío. Porque mi hijo va a un colegio privado. El de la salud tampoco. Porque tengo un seguro privado que responde. El del transporte público tampoco. Porque tengo movilización propia. La mala elección de los diputados tampoco, porque no es en mi distrito. Con ese prejuicio es que hemos llevado al país a este momento crítico. Por nuestra desidia a exigir que se enfrente con políticas de Estado (independientes de cada gobierno) cada uno de este y otros tantos problemas que nos aquejan.
Empecemos a exigirnos y a exigir a las autoridades. Personas íntegras e idóneas que puedan ejecutar unas políticas públicas que nos beneficien a todos. Es la única forma de poder desarrollarnos en armonía. Los problemas van a existir siempre, pero con personas capaces que lleguen a puestos de elección popular por sus méritos y no por lo que me regalaron o el puesto que me aseguraron, seguro podremos sortearlos para conseguir siempre los objetivos de país que tanto soñamos y exigimos en las redes.
Me quedo con una frase de Angela Merkel, la canciller de Alemania: “El que decide dedicar su vida a la política, sabe que ganar dinero no es la prioridad”. Ojalá tuviéramos más personas con esa visión en el país. Elegir gente preparada para el cargo, con trayectoria comprobada y vocación a la política para hacer de nuestro país un lugar seguro con políticas de inclusión social, educación, salud pública y un futuro lleno de oportunidades para todo el que quiere echar para adelante.
El autor es director general de empresas del sector logístico

