Estamos a escasos días de cumplir el año desde que se nos dijo que era necesaria una cuarentena de dos semanas para “aplanar la curva”.
Después de meses de cuarentenas, miles de muertos y miles de millones en empréstitos para cubrir el déficit presupuestario de 2020 y 2021, estamos levantando la mirada ante un panorama económico desolador. Los dirigentes de salud, con la aprobación del poder ejecutivo y judicial, han puesto todo en el altar del control del porcentaje de infección, cueste lo que cueste en cuanto a vida económica se trata. Panamá ha pasado de ser una de las economías mas dinámicas en América Latina de las últimas décadas, a estar entre los tres países con el PIB más impactado de la región (Perú y Venezuela siendo las otras dos) con una caída de 20%.
Los políticos del planeta escogieron el camino de evitar que cualquier error en cuanto a los planes para combatir el virus resultara en que nadie pudiese culparlos por la pérdida de algún ser querido por no ser lo suficientemente severo en cuanto a sus acciones. Martillo y la danza.
Para algunos sectores, como restaurantes, ya no se habla de recuperación sino de mera supervivencia, con afectaciones según el gremio de 40,000 empleos directos perdidos mas la cifra multiplicadora de empleos indirectos. En igual situación están los hoteles y la construcción en general. El sector turismo está fundido tomando en cuenta que, desde la capacidad de traer los visitantes a nuestro país hasta poder atenderlos en algún rincón del territorio una vez que logren llegar, está desbaratado.
Cuando hablamos con los vecinos ticos, estos se asombran con lo severas que han sido nuestras cuarentenas comparado con su país, aun cuando el porcentaje de la letalidad del virus en Panamá es una las mas bajas de Latinoamérica. Costa Rica, en contraste, supo preservar su sector turístico a toda costa.
La llegada de las vacunas, aunque en cantidades ínfimas para las requeridas, nos empieza a dar la esperanza de que se acerca el final, pero la ministra consejera Eyra Ruiz aseveró la semana pasada en televisión que aquí apenas estamos empezando y que todavía nos queda algunos meses para lograr la inmunidad del rebaño.
¿Cual es el plan? ¿Esto cómo termina?
Creo que hay algo de consenso alrededor de la idea de que más de lo mismo no nos sacará del hueco. Ya basta del status quo. El sector privado, de manos atadas por las restricciones sanitarias, pide a gritos un plan que reconozca que el camino a la recuperación pasa por las empresas de este país.
Ya es tiempo de una mirada de pie a cabeza de todo el proceso de tramitología y burrocracia que implica formalizar algún emprendimiento en este país. La cantidad de pasos en distintas instituciones para lograr apenas abrir la puerta es para valientes. Es hora de que los funcionarios, ante tanta inactividad comercial, volteen la mirada hacia adentro para hacer re-ingeniería de cómo atender a sus clientes con miras a que se reduzcan los pasos de años o meses a días u horas para que el emprendedor pueda rápidamente cristalizar la idea que ha venido cocinando encerrada tras las puertas de su hogar después de meses de cuarentena.
El camino a la recuperación será largo y arduo, pero no es necesario que sea tortuoso una vez que el sector público reconozca que el cambio empieza mirando en el espejo.
El autor es director de la Fundación Libertad