Exclusivo
Tolerancia

‘Ethos’ ciudadano

La construcción de una conducta social generalizada que aspire a garantizar sistemáticamente el crecimiento de la convivencia, vinculada a la coexistencia pacífica y armoniosa del ciudadano en la sociedad, a veces se vislumbra como contradictoria. Citando al filósofo peruano Miguel Polo Santillan, “la sociedad contemporánea vive una inquietante contradicción: por un lado, hace imposible la vida ética dadas las formas de vida egocéntricas y competitivas, pero a la vez necesita de la ética para poder salir de sus conflictos”.

La solución a esta contradicción es considerar la convivencia pacífica y armoniosa como un proyecto en común, para el ethos ciudadano. Por racionalidad práctica es necesario definirlo; a Homero, poeta griego, autor de La Ilíada y La Odisea, se le atribuye el primer uso de este término, ethos que significó guarida, morada o lugar donde habitan los hombres; luego Aristóteles, filósofo de la misma procedencia, le dio un nuevo significado que prevalece hasta hoy, significando hábito o forma de ser derivada de la costumbre; en fin, la conducta que va formando al ser humano a lo largo de su existencia. De esta forma el ethos ciudadano ha procurado desde que se organizó en sociedad, la necesidad de formular reglas para regular y controlar su comportamiento.

Pero veintiún siglos después, la anomia social es el común denominador de la vida ciudadana, entendida ésta ya no como la inexistencia de normas en la sociedad, considerando el amplio Estado de Derecho; más bien en términos actuales es el desorden social que impide que algunos individuos consigan las metas socialmente impuestas. Gracias a las redes sociales podemos enterarnos de tantas situaciones anómalas diarias socialmente hablando, que viralizan no solo la red, sino la propia conducta social; de hecho ver tantas en estos últimos días es el motivo de hacer estos comentarios.

La ciudad, el habitar y el ciudadano, son las tres formas de la integración humana (Cruz Prados Alfredo, 2015); el ethos ciudadano no está al principio, sino – pretendidamente – al final; no es lo que cada uno hace, sino resultado mecánico de las acciones de todos lo que hace la diferencia. Es un contexto global de la acción humana.

Dentro del ethos se incluyen aspectos como los valores positivos, el estilo moral, hasta los defectos o conductas sociales negativas que se encuentran dentro de cierta cultura. La culminación de ese proyecto en común que eluda la contradicción de la cual habla Polo Santillan, se encuentra en la forma de statu quo al que los múltiples actores sociales se resignan por la imposibilidad de obtener la satisfacción total de sus demandas, por parte del Estado.

La construcción de una auténtica cultura ciudadana es una tarea pendiente, a pesar de los esfuerzos sostenidos y recientes que muestran que es posible un cambio en una cultura de tantos años que ha limitado la convivencia; el cumplimiento de los Objetivos de desarrollo sostenible (ODS) 2030 es una alternativa importante. Esta cultura ciudadana como expresión de nuestra personalidad nacional depende de construir, no una cívica o conjunto de normas heterónomas que nos regulen desde afuera, sino de un convencimiento pleno de su utilidad, un convencimiento individual que multiplicado por miles entregue conductas ejemplares que hagan cambios sustanciales en la sociedad; así logramos acercarnos a ese proyecto en común.

La intolerancia que sentimos en el ambiente nos afecta, al impedir que podamos encontrarnos en el espacio común de un proyecto de ciudadanía. Su antónimo, tolerancia es reconocer el principio de igualdad de todos los ciudadanos, es reconocer los desacuerdos como opciones válidas, opciones que antes eran negadas por no ser del pensamiento mayoritario, en contraposición a la moral y la buena conducta pero que en los días corrientes son aceptados por una mentalidad más pluralista. No quiere decir esto que todas las opciones sean respetables, estas para que lo sean, requieren el reconocimiento de un mínimo de justicia y de compromiso con la igual dignidad de las personas (Adela Cortina, 2010).

Respeto y tolerancia deben ir juntos en un proyecto legítimo de convivencia ciudadana.

Todo lo anterior supone que en un sistema democrático como el nuestro, los actores sociales no sólo se reconocen mutuamente el derecho a participar y promover sus ideas en el discurso público, sino que admiten la razonabilidad de aquello que el otro defiende. Si más allá del calor de las discusiones, los actores sociales no admiten en el adversario un mínimo de racionalidad, si no le conceden si quiera el beneficio de la duda, entonces el diálogo democrático ni es posible, ni tiene sentido.

La democracia descansa sobre un ethos ciudadano compartido que supone la constante autocrítica por parte de todos los actores sociales en su búsqueda implacable de culminar el proyecto común. Ese ethos sólo podemos generarlo los ciudadanos y es de nosotros la responsabilidad de preservarlo.

El autor es magister, especialista en seguridad y derechos humanos


Última Hora

  • 10:40 "Es una señal de alarma": la advertencia de la empresa hackeada por los modelos rebeldes de OpenAI Leer más
  • 05:02 El arte de la jáquima digital  Leer más
  • 05:00 Luis Suárez amarga el estreno de Lewandowski en la MLS ante un Inter Miami sin Messi Leer más
  • 05:00 Ballenas y delfines, los gigantes del océano que aún luchan por sobrevivir Leer más
  • 05:00 Siete panameños, contratados por Rusia y Ucrania como mercenarios en la guerra Leer más
  • 05:00 La ley del 7% del PIB y el dilema de la ejecución presupuestaria del Meduca  Leer más
  • 05:00 Hoy por hoy: la confesión de una dictadura Leer más
  • 05:00 Miviot busca que Programa Saneamiento asuma la administración de las plantas de tratamiento  Leer más
  • 05:00 Ministerio Público investiga presunto engaño en reclutamiento para combatir en la guerra entre Rusia y Ucrania Leer más
  • 05:00 ‘La Visita de la Tía Nena’: la reinvención de ‘Solsticio de Invierno’ llega al teatro Leer más