La ética en el ejercicio del periodismo

"La ética en el ejercicio del periodismo" fue uno de los temas debatidos en el reciente foro que en torno al día mundial de la libertad de expresión organizó el Consejo Nacional de Periodismo en coordinación con el Consejo de Comunicación de la UNESCO para América Latina, con sede en San José, Costa Rica.

Examinaron este recurrente tema, el ex rector de la Universidad Santa María la Antigua y ex director del diario La Prensa, Stanley Muschett, el escritor y ex vicepresidente de Nicaragua, Sergio Ramírez Mercado, y el presidente de la Fundación Panameña de Etica y Civismo de Panamá, Luis H. Moreno.

Como ejercicio intelectual, los enfoques tratados se aproximaron adecuadamente a un tema muy espinoso donde se entremezclan muchas aristas. Lo que me llamó la atención fue la aseveración del señor Moreno cuando dijo que "en estos momentos se habla más de la ética". Hacer esta sentencia significa ignorar la historia y descuidar los vaivenes históricos; los sociólogos resumen esta situación de manera muy atinada, al ponderar que "los procesos sociales son recurrentes".

Hace mucho, mucho tiempo, que los griegos dijeron que "la corrupción existe cuando se la descubre". Aristóteles, por ejemplo, mostraba ya su preocupación por la conducta desordenada que mostraban los jóvenes de la época, y los conminaba a enderezar el rumbo de sus actitudes.

Acá en Panamá, guarda una vigencia magistral aquel enjundioso discurso de Eusebio A. Morales, cuando caracterizó las actividades políticas en nuestro medio como una "industria", y así ha sido a lo largo de la historia; la clase política panameña no ha cambiado sus hábitos inherentes a ver esta actividad como un medio para llegar al poder y beneficiar a sus allegados. La política deja de ser un arte cuando el discurso de principios, la negociación, el diálogo de altura y el logro del consenso de temas de Estado se transforman en diatribas, en sacadera de tabla, en pase de facturas y en poses estridentes de mea culpa aceptando lo que se sospecha, pero no renunciando a los premios recibidos.

¿Y cómo ha sido la ética en el ejercicio del periodismo panameño en 100 años de República? Igual que ayer, la práctica de este noble ejercicio ha sido mutilada por la inescrupulosa actitud de empresarios que ven en esta labor un puerto seguro para fortalecer sus cajas registradoras. Las nobles orientaciones dispensadas en los claustros académicos cuando nos decían, por ejemplo, que un periódico debía tener un 60% de contenido noticioso y 40% de cuñas publicitarias, quedaron solo en eso, "nobles orientaciones"; ahí, sin lugar a dudas, hay un problema ético que hay que resolver, si de veras hay respeto por los lectores.

El hecho de que digamos que la ética es un problema recurrente, no significa que no se deba discutir sobre el particular; se debe seguir discutiendo, pero enfocando el problema desde una perspectiva holística. La discusión no puede ser fragmentada ni acompañada de posturas tramposas. La televisión panameña, por ejemplo, tiene que jugar un papel de trascendencia en la búsqueda de soluciones concretas, al igual que los tabloides.

Los empresarios panameños tienen su parte en esta discusión, ya que han venido avalando la intromisión y empoderamiento de una ideología emergente en los diferentes canales de televisión donde se rinde culto al hedonismo de la juventud; los llamados tabloides también están haciendo su parte en esta cruzada por la supremacía de los antivalores, al convertir sus portadas y contraportadas en espacios meramente pornográficos; pregunto, ¿es esto libertad de expresión y ética en su sano juicio?

Esta ideología emergente se entroniza en los medios de comunicación (radio, prensa, televisión y revistas), en la Asamblea, en la política y en cualquier escenario que brinde condiciones para reproducir sus códigos.

Tal vez resulte subjetivo de mi parte, pero puedo responder diciendo que no; sin embargo, lo seguirá siendo si continuamos avalando la máxima leseferista que dice que "la mejor ley de prensa es la que no existe", premisa por cierto ambivalente y contradictoria, ya que confunde la libertad con el libertinaje.

El consenso generalizado es que esto se supera con la educación, pero hay que recordar que los procesos de formación y educación son lentos y a largo plazo, mientras tanto la contraparte sigue haciendo su trabajo con tesón y dedicación; las aulas de clases no cuentan con los insumos para hacer frente a la contundencia de los mensajes que enarbola el hedonismo enquistado en la televisión y los tabloides; hay un abismo insalvable en nuestra educación, que en estos momentos no permite a la juventud estar preparada para distinguir entre "receptores y perceptores".

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