La otra Cuba, la Cuba de Miami y el sur de Florida, asiste dividida al giro -leve de momento, pero giro al fin- de la política de Estados Unidos ante la isla.
El exilio duro considera que el relajamiento de las sanciones decretado el lunes por el presidente Barack Obama es una concesión gratuita al régimen cubano que solo servirá para reforzarlo.
“Podrían haber pedido la liberación de los presos políticos, el respeto de los derechos humanos, las libertades individuales para los cubanos. Darle esta carta en blanco al régimen de La Habana no va a resolver nada”, dijo desde Miami Ninoska Pérez Castellón, cabeza visible del sector duro y presentadora estrella de la emisora Radio Mambí.
El sector del exilio más inclinado al diálogo aplaude la autorización de los viajes de los cubanoamericanos a la isla y del envío de remesas, entre otras medidas. Pero cree que la novata administración Obama todavía puede relajar más las sanciones.
“La primera pieza la movió Obama, y ahora veremos cómo Cuba responde. Esto puede ser una gran oportunidad para que se abra un camino hacia una reconciliación nacional”, dijo, en una conversación telefónica, Joe García, político demócrata de Miami cercano a Obama y uno de los líderes del exilio moderado.
Las diferencias entre los cubanoamericanos de Miami reflejan los cambios en una comunidad que ya no es monolítica ni disfruta de la influencia en Washington de otros tiempos.
Las sucesivas oleadas de exiliados –cada vez menos por motivos políticos y más por motivos económicos– han restado influencia al anticastrismo más estricto.
Joe García, hijo de exiliados, subraya que 50 años de mano dura no han servido para derrocar al régimen. Fidel Castro ha sobrevivido a 10 presidentes de Estados Unidos.
La exiliada Ninoska Pérez recuerda que, cuando anteriores administraciones suavizaron las sanciones, fue del todo inútil.
En un editorial, el diario The Miami Herald elogiaba la decisión del demócrata Obama. “Las nuevas normas envían una señal importante”, advertía. Pero añadía que que estas normas representan un cambio marginal y que, de hecho, retrotraen a las normas vigentes hasta que otro presidente demócrata, Bill Clinton, endureció las sanciones.
El nuevo giro se explica, en parte, por el talante político de Obama. Pero también por la transformación del exilio, que ha permitido al presidente apoyarse en figuras y grupos influyentes para planificar la nueva política.
Ninoska Pérez señala que, en todas las contiendas electorales, ganan siempre los representantes de su sector. El pasado noviembre, Mario Díaz–Balart –miembro de una de las familias más influyentes del exilio– derrotó a Joe García en los comicios para el Congreso.
García destaca que, en las elecciones presidenciales, Obama recibió casi el 40% del voto cubano, y que casi el 90% de los cubanoamericanos que votaron al actual presidente son favorables a las medidas anunciadas el lunes, o más a la izquierda.
“Este grupo, en su abrumadora mayoría, es joven o recién llegado, comparado con la base de los republicanos, que es vieja y muy conservadora”, prosigue.
Cuba, en realidad, no es una prioridad para la Casa Blanca, más preocupada por Afganistán, Pakistán, Irak, China y otras regiones del planeta. Algunos, en Miami, se quejan de que nunca lo haya sido. De ahí que 50 años después de la revolución los Castro sigan mandando.