A las brujas y brujos panameños en su día, ¡salud! La brujería tiene antigua raigambre en nuestro terruño, como lo comenta el narrador en la interesante novela de Juan Cristóbal Zúñiga, El día del justo, cuya lectura bien podría usted emprender, inmediatamente, con provecho. Pero no la lea de noche, si es usted asustadizo.
No fue, sin embargo, hasta la narcodictadura militar del PRD cuando la brujería obtuvo su merecida dignificación, junto con otras estimables ocupaciones, como las de contrabandista, hurtador, mula, narcolavador, sapo, usurpador, bolitero, chulo, torturador, cortesano, estafador, agiotista, leguleyo, cuatrero, simulador, espía, PGP, usurero, charlatán, verdugo, panegirista, tunante, defraudador, filibustero, cepillo, sicario, manzanillo, bandolero y terrorista. Hay en nuestro medio, a no dudar, multitud de individuos que han hecho y siguen haciendo fortuna sobre la base de esas profesiones. En este país tan disipado, donde cualquiera que haya acumulado suficientes caudales recibe tratamiento de "don" o "doña" -y donde cualquier pelafustán puede llegar a presidente- muchos profesionales de las aludidas actividades- incluyendo la brujería- ocupan hoy posiciones de alto prestigio en la sociedad.
¿No me cree? Averígüelo con Madame Kalalú (o, en su defecto, con quien cantaba sus hazañas). Pregúntele por los aquelarres del MAN -líder máximo del PRD- y su selecta concurrencia. Desentrañe la identidad de quienes lo acompañaban en sus desafueros nigrománticos y comprobará usted (sin duda, con gran desazón), que muchos han logrado ascender a situaciones de notable encumbramiento y mantenerse en ellas a pesar del paso de los años y el ir y venir de partidos de gobierno.
En días recientes, sin embargo, la brujería ha recibido algunos golpes bajos que amenazan con derrocarla del sitial de honor que adquirió durante la narcodictadura perredista y ha mantenido desde entonces. Días antes del Halloween, el gran Olimpo propuso que, en vez de fétidas calabazas, sucias telarañas y ridículos esqueletos de cartón, los ciudadanos expongamos en nuestras puertas y ventanas el emblema nacional (a ver si no se lo roban, porque con la desatadura de la delincuencia y la incompetencia de las autoridades, últimamente hasta las hostias consagradas se roban los ladrones). En la augusta cámara, un incógnito suplente-cuyas facultades de expresión oral eran desconocidas hasta ese momento-aprovechó la ausencia del diputado principal para despotricar contra el día de las brujas y sugerir que se prohíba su celebración.
Más grave -para las brujas y brujos criollos- ha sido el arribo al país del reverendo Juan Fortea, exorcista español. Su visita tuvo como objeto apuntalar las habilidades de nuestros sacerdotes para combatir "la santería y otros ritos satánicos, situación que ha incrementado el número de posesiones demoniacas", según el Panamá América (20 de octubre). De acuerdo con nuestros más autorizados prelados, hay a la vista motivos para suponer que esas posesiones abundan en el sector público y en la sociedad política. Hace algunos años -por ejemplo- monseñor Cedeño propuso "un exorcismo a la justicia" para prevenir que la crisis en ese sistema degenere en un "infierno judicial y jurisdiccional" (Panamá América, 10 de marzo de 2005).
Y si en la Corte llueve, no escampa en la Asamblea, cuya degradación, bajo el dominio del PRD, ha adquirido ribetes legendarios. En la conducta de sus integrantes encuentra usted, a tutiplén, los siete pecados capitales: orgullo, avaricia, lujuria, ira, gula, venganza y -sobre todo- pereza, vicios que los "legisladrones" comparten -hay que admitirlo- con funcionarios del ramo ejecutivo. Mientras tanto -en medio de la corrupción e ineptitud de los servidores públicos y el despilfarro de fondos gubernamentales en actividades clientelistas, de la viajadera injustificada y la adquisición de artículos suntuarios para uso exclusivo de los altos dignatarios del Estado- aumentan la desnutrición infantil y la mortandad por enfermedades evitables, y las quejas de los sectores populares son reprimidas, con saña y maldad, de acuerdo con directrices emitidas por los militares malamente reciclados que ejercen el poder.
Hace falta, como lo han sugerido los obispos, extirparle a nuestra política las adherencias demoniacas. Pero si durante la visita del padre Fortea usted deseaba presenciar las diabólicas imprecaciones de Tuliviejo, las grotescas contorsiones de La Faraona o las espumosas emanaciones del hocico de Rin Tin Tin, sus apetencias sensacionalistas no se hicieron realidad. El sacerdote no practicó, en público, ningún conjuro portentoso como lo esperaban, con ansias, algunos elementos morbosos. Ese exorcismo público, con resultados fenomenales, nos corresponderá efectuarlo a los ciudadanos en mayo de 2009. Preparémonos desde ahora -en los inicios del Mes de la Patria- para realizarlo con la mayor eficacia.