ATENCIÓN INTEGRAL

Las familias del siglo XXI: Albina St. Rose

A través del tiempo hemos visto cómo la familia ha tenido que sobrevivir en medio de fenómenos mundiales de origen social, económico, de salud, tecnológico y de trabajo, amenazando su estabilidad interna y enfrentándola a un sistema externo en crisis.

Se visualizan rupturas en las relaciones padre e hijos, pérdida de la autoridad, niños en condición de vulnerabilidad por situaciones sociales como la violencia doméstica, el pandillerismo y la violencia escolar entre otros.

El ingreso económico en los hogares es tan bajo, al punto de poner en riesgo a menores de edad que tienen que salir a las calles a trabajar en circunstancias peligrosas, sometidos a tratos similares a la esclavitud, a la pornografía infantil o son víctimas de la explotación sexual comercial.

Las familias cibernéticas, que pasan largas horas frente a una computadora, estableciendo nuevas formas de relacionarse con personas desconocidas alrededor del mundo, sin haber tenido contacto personal, dejan a un lado las necesidades de comunicación, de convivencia, de socialización, que permiten al hombre y a la mujer contar con vínculos más sólidos.

Las personas que utilizan los navegadores móviles, que solamente mantienen su atención visual y auditiva en los celulares, sin tener contacto con el ambiente que los rodea, llegan al extremo de no tomar las precauciones de velar por su seguridad personal, quedan muchas veces lesionadas o pierden la vida en actos de robo en lugares públicos, donde aún no se toma conciencia del peligro de su integridad física.

Las familias se exponen al VIH/sida, con ello afectan a los niños que sufren la pérdida de ambos progenitores, el abandono y el rechazo de una sociedad que todavía no ha superado los prejuicios y estereotipos de esta pandemia mundial.

Las familias están fragmentadas en monoparentales, extendidas, reconstituidas o adoptivas; a consecuencia de la disfuncionalidad de su estructura interna y a los cambios sociales.

Las familias monoparentales están formadas por el padre o la madre, los hijos de ambos o de alguno de los dos; las familias extendidas están integradas por miembros de varias generaciones.

La desinstitucionalización de las funciones familiares ha hecho que esa responsabilidad recaiga ahora en las guarderías, empleadas domésticas, personas particulares que cuidan niños y los albergues de protección de niñas (os) que, por una u otra razón, no ejercen sus progenitores, quienes son los principales responsables de su cuidado y atención.

Los cambios y avances de la posmodernidad son necesarios en nuestro sistema social. Se han ofertado programas que brindan a la familia nuevas oportunidades que fortalecen sus capacidades de desarrollo en el campo laboral, comunitario y académico.

En este siglo, en el que las familias están pasando por todos estos cambios, también, es importante considerar que el exceso, la deshumanización, la falta de práctica de los valores, la poca fe, la explotación y la indiferencia son algunas señales que advierten de la necesidad de reforzar el trabajo hacia el padre, la madre, el niño, el adolescente, el joven y todos los adultos involucrados en este plan de atención integral.

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