“El que no vota no come”, amenazó hace unos días Diosdado Cabello, preocupado que ante la farsa electoral de este domingo, los venezolanos decidan no acudir a las urnas.
Si los últimos procesos electorales ya habían estado signados por la falta de condiciones y garantías, estas elecciones parlamentarias, en las que se renovará íntegramente la Asamblea Nacional –último bastión de la democracia venezolana- han generado aún mayores cuestionamientos.
Actores como el Grupo de Lima y el Grupo Internacional de Contacto sobre Venezuela, y organismos como la OEA y la UE, han expresado sus reservas frente a un proceso electoral que no cuenta con las garantías mínimas de integridad electoral.
La oposición, liderada por Juan Guaidó, dividida y debilitada, decidió no participar al no existir condiciones que garanticen unas elecciones libres y justas.
Con el objetivo de facilitar una mejor comprensión de las condiciones en las que Venezuela llega a esta elección, IDEA Internacional y la Universidad Católica Andrés Bello, junto a un calificado grupo de expertos venezolanos, elaboramos un informe que analiza las principales anomalías que afectan estos comicios.
Me gustaría subrayar las siguientes ocho: 1) un árbitro electoral parcializado a favor del chavismo; 2) partidos de oposición intervenidos por la justicia, siguiendo instrucciones del gobierno de Maduro; 3) aumento ilegal de las curules: de 167 a 277; 4) registro de electores poco confiable; 5) dudas sobre el secreto del voto; 6) marcado ventajismo oficialista; 7) incertidumbre sobre el nuevo sistema de voto automatizado, y 8) ausencia de misiones de observación electoral con credibilidad y prestigio.
Resumiendo: la sumatoria de estas ocho anomalías afecta la integridad y credibilidad de este proceso, convirtiéndolo en una elección incapaz de producir legitimidad de origen democrático. Consecuencia de todo ello, el grueso de la comunidad internacional y regional ya ha anunciado que no reconocerá la legitimidad de la misma.
Esta farsa electoral, lejos de contribuir a encontrar una salida pacífica y democrática, agudizará aún mas la grave crisis que afecta al país desde hace mucho tiempo. El chavismo buscará controlar, de manera ilegítima, la nueva Asamblea Nacional y, con esta jugada, profundizar la división y el debilitamiento de la oposición.
Esta, por su parte, esgrimirá la tesis de la continuidad administrativa ante la invalidez de la elección. Mientras tanto Venezuela seguirá, trágicamente, atrapada en su laberinto.
El autor es director regional de IDEA Internacional