El sendero de Biden está claro y el de Trump es difícil, en vísperas de la elección presidencial de Estados Unidos. Quien obtenga 270 votos del Colegio Electoral (de 538) dominará la Casa Blanca.
“A Trump tiene que salirle todo perfecto y esa probabilidad está en duda”, me asegura el analista internacional José Gonzáles, radicado en La Gran Manzana. Nadie quiere pronosticar qué sucederá ni él.
De los votos populares (150 millones están registrados; 55% mujeres), Joe Biden aventaja en un margen del 7% a 9% al candidato y presidente Donald Trump. Para Biden, ese margen es cómodo, no obstante es un misterio cómo se constituirá el Colegio Electoral, donde se define la carrera.
La atención está centrada en el comportamiento del voto de seis estados (Wisconsin, Michigan, Pensylvania, Florida, Carolina del Norte y Arizona). El promedio de ventaja de Biden en la mayoría de esas comunidades es de 2% a 3%, si bien el margen de error de las encuestas oscila entre el 2.5% y el 4%.
Ambos candidatos se han enfocado en esos estados. Para sus presentaciones, hay todo un ajetreo en los aeropuertos y las localidades seleccionadas para los mítines.
Fueron claves en el triunfo de Trump en 2016 los estados ex industriales Michigan, Pensylvania, Wisconsin, bautizado Cinturón del Óxido, con industrias metalmecánicas que venían de acero. Esas fábricas tomaron otro rumbo: Corea, Taiwán, China, México. Esas ciudades beneficiaron al Partido Republicano, después de ser tradicionales cabos demócratas.
En el estado de Florida, donde destacan los grupos latinos de venezolanos y cubanos, el respaldo se inclina a favor de Trump. 250 mil nuevos votantes son venezolanos, que han obtenido la ciudadanía estadounidense. Son, en su mayoría, trumpistas. Privilegian los ataques de Trump contra el presidente Maduro y las sanciones estadonidenses.
Biden busca más el voto marginal de adultos mayores y mujeres. Ataca al Gobierno de Venezuela, no obstante, privilegia un acercamiento con el Gobierno de La Habana.
Cada una de las dos campañas ostenta el voto duro del 30% del electorado y se disputa, con no poca confrontación, el 40% restante, en el centro político. Ocurre en el marco de necesidades sociales y económicas generadas por la covid, cuyo resurgimiento (como en Europa) empieza a atemorizar. Hoy, los contagiados diarios están por encima de los 75 mil, en contraste con los 60 mil, pico de mayo, durante la primera ola.
La pandemia y la cuarentena detienen la economía. Se contrae el 14 % en el segundo trimestre. No se ha recuperado lo perdido.
Trump subestima el alcance de la pandemia y no administra el liderazgo federal que se necesitaba. “Politiza la mascarilla. Antes renegaba de ella y ahora está hablando a favor”, puntualiza Gonzáles.
Los cifras totales de fallecidos superan los 230 mil. Un segmento del electorado mantiene una relación emocional con la enfermedad.
Trump tiene un as con el fuerte apoyo evangélico, cuyas iglesias votan en conjunto. En el centro de ese respaldo, está el rechazo a leyes demócratas de despenalización del aborto (1970) y el matrimonio igualitario, aprobado hace una década.
La popularidad de Trump ronda el 40%, de un 60% al inicio de su mandato (2016).
El autor es periodista, filólogo y docente