La fístula obstétrica es una lesión traumática perineal que afecta a cerca de 2 millones de mujeres, principalmente en África subsahariana y el sudeste de Asia. Su incidencia mundial anual se estima en 150,000 casos. Hace quince años, un 23 de mayo, inició la campaña para la erradicación de este mal.
La fístula es el escape de orina y/o heces a través de desgarros (hoyos) que se producen por la muerte de tejidos debido al impacto continuo de la cabeza fetal en el canal de parto durante días enteros. Estos hoyos conectan entonces la vejiga con la vagina (fístula vesico-vaginal) y la vagina con el recto (fístula recto-vaginal).
La mayoría de las fístulas ocurren como resultado de un parto obstruido prolongado. Aquellas situaciones en las cuales la pelvis es muy estrecha, el feto está mal colocado y no existe acceso temprano a cuidados obstétricos de emergencia para una resolución temprana de esta complicación.
Las mujeres que padecen de esta condición usualmente provienen de áreas marginales con pobreza extrema, son analfabetas, se han casado tempranamente, tienen desnutrición y no acuden al control prenatal, sobre todo por falta de accesibilidad y barreras culturas. Casi en la totalidad de los embarazos en los cuales la mujer desarrolla una fístula se presenta una muerte intrauterina. No sólo es el dolor de la pérdida de su hijo, ni el dolor físico que padecen estas mujeres, sino que también sufren una gran estigmatización social y aislamiento, y presentan altas prevalencias de enfermedad mental (depresión y suicidio).
En 2018, la Organización de Naciones Unidas advirtió sobre problemas asociados a la falta de erradicación de la fístula obstétrica. La falta de equidad en el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva; la falta de educación sexual y reproductiva; la discriminación, y la marginalización de la mujer y de las niñas se enumeran como limitantes para mejorar esta condición.
Únicamente cuando los gobernantes entiendan que la salud y la educación son un derecho universal y no un privilegio, esta condición prevenible podrá ser finalmente erradicada por completo.
La autora es doctora en ginecología-obstetricia, Centro de Investigación Médica Pacífica Salud-Indicasat AIP, y miembro del movimiento Ciencia en Panamá

