[CAMBIO DE PRIORIDADES]

Su futuro está en la educación

Las cifras de alfabetización en el mundo árabe hoy son mejores que en décadas anteriores, pero todavía hay un abismo si se comparan con las de los países ricos.

El 68% de los árabes tiene menos de 30 años. Uno de cada tres no tiene trabajo, ni estudios, ni vivienda. Durante décadas, han aguardado con paciencia que se produjeran cambios que les permitiesen mejorar su calidad de vida.

Hoy, la denominada “generación que espera” ha puesto fin a décadas de inmovilismo y ha conseguido lo que parecía imposible: derrocar de forma pacífica a los dictadores de Túnez y de Egipto y sembrar la semilla de la rebelión contra la tiranía y la injusticia social. Ahora queda en sus manos una tarea titánica: asegurar el ejercicio de la democracia y sanear la economía de sus países. Para ello es fundamental reconstruir los cimientos, renovar el sistema educativo y asegurar una enseñanza universal y de calidad orientada a las exigencias del mercado laboral.

Las cifras de alfabetización en el mundo árabe hoy son mejores que en décadas anteriores, pero todavía hay un abismo si se comparan con las de los países ricos. Uno de cada tres hombres y una de cada dos mujeres son analfabetos.

El libro Generation in Waiting, publicado por Brookings Institution, explica que las antiguas generaciones de jóvenes se beneficiaron de la educación gratis, garantías laborales en el sector público, fuertes subsidios estatales y ayuda social. Pero el aumento demográfico ha mostrado la insuficiencia de las instituciones y afectado a aquellos que nacieron después de 1980.

Más de 100 millones de jóvenes de la región Mena (norte de África y Medio Oriente), es decir, la mitad de la población activa, tienen entre 15 y 29 años. Según Tomás Jiménez Araya, economista y consultor del Fondo de las Naciones Unidas para la Población, este “bono demográfico” en edades de máxima productividad puede incrementar las tasas de ahorro e impulsar un mayor crecimiento económico per cápita, si cuenta con un entorno político e institucional adecuado.

Sin embargo, la mayoría de los países árabes está perdiendo esta gran ocasión histórica. “El potencial transformador de esta plétora juvenil no se está aprovechando adecuadamente y, lo que es aún más grave, la juventud árabe es en gran parte una población socialmente excluida de ámbitos como la educación, el empleo y la vivienda, lo que dificulta y dilata su inserción productiva y social”, explica Jiménez Araya.

Los expertos consideran que para lograr el máximo potencial de la juventud es necesario transformar todo el sistema. Hay que replantear tanto las políticas de admisión en el sistema de educación, como las prácticas de contratación del sector público.

Nader Fergany, director del Almishkat Centre for Research de El Cairo, explica que, a pesar de los logros alcanzados, el sistema educativo sigue siendo ineficiente por varios factores. Las tasas de matrícula son muy bajas, porque la educación primaria no se considera importante y existe un grado alto de ausentismo en la secundaria –15 millones en las estadísticas de la Liga Árabe–. No se facilita el acceso a una educación permanente y se excluye a parte de la población (niñas, pobres y marginados) de la educación superior. La alfabetización femenina es todavía muy baja, aunque son ellas las que obtienen niveles educativos más altos. Según el informe Arab Human Development Report, a principios del siglo XXI había al menos 70 millones de árabes analfabetos, la mayoría de los cuales eran mujeres.

En el fondo del problema están los convencionalismos que impiden acceder a la mujer a puestos de trabajo y la falta de concienciación en la sociedad de la importancia de la educación. Muchas familias no entienden que la formación puede cambiar la vida de sus hijos y no los animan a asistir a la escuela.

Sin embargo, la historia ha demostrado que invertir en educación asegura el bienestar de la sociedad. El milagro económico de Japón y de Alemania se debió a que, durante más de cuarenta años, no se invirtieron en armamento y dedicaron gran parte de los recursos a investigación, tecnología, desarrollo, educación, y sanidad.

Los jóvenes árabes no pueden ni quieren esperar más. Los nuevos gobiernos deberán invertir más y mejor en educación, promover la ciencia y la investigación, fomentar la globalización tecnológica y abrir sus mercados al exterior. Las futuras generaciones dependen de ello.


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