Esa pregunta me la formulo todos los días desde hace muchos años. Cada vez que escucho, observo y leo las informaciones que divulgan los medios de comunicación sobre la provincia de Colón, concluyo que nos muestran con insistencia solo noticias de violencia: nos alertan de una ola delincuencial en franco crecimiento: robos, asaltos a ciudadanos y a instituciones, violaciones carnales, bandas de delincuentes, incendios y calles cerradas, tranques y protestas de los desempleados permanentes, venganzas siniestras, viviendas que se caen lentamente, la lista bien podría continuar... es el clamor del desempleo y la pobreza que se ha apoderado de una de las provincias con mayor riqueza y potencial humano, turístico y comercial.
Son noticias que satanizan a una provincia que también tiene muchos más rostros que el de la delincuencia y el hambre. Una hora de noticias, las primeras planas de los diarios o los minutos informativos la muestran a nacionales y extranjeros como una provincia de forajidos, ladrones y corruptos. Las notas positivas y alentadoras son escasas e inclusive algunos medios tienen segmentos denominados "la buena noticia". Alarmante y desconcertante, por decir lo menos.
Pero lo cierto es que al finalizar el día de la provincia de Colón y sus 226 mil 796 habitantes, bien se puede mostrar a los colonenses trabajadores, emprendedores, los ciudadanos honestos, a los trabajadores y empresarios de la Zona Libre, a los estudiantes que se preparan en los colegios y universidades; a los agricultores que siembran y cosechan, a quienes se capacitan para ser mejores profesionales; a las madres y padres que educan a sus hijos dignamente sin mezclarse con el vicio; en los hospitales y centros de salud se lucha para salvar vidas; inclusive en la cárcel de Colón, decenas de reclusos se resocializan y confeccionan todo tipo de artesanías; en Portobelo, costa abajo, Sabanitas, y sus 16 calles citadinas, miles de ciudadanos se mantienen en la zozobra pero siguen invictos y aún esperanzados porque se cumplan las promesas electorales de cada cinco años.
¿Por qué los medios de comunicación no presentan estas imágenes también? ¿Por qué insisten en mostrarnos tan solo el rostro de la violencia? Tal como indican los psicólogos que han investigado sobre la materia, la violencia genera más violencia y tiende a convertirse en imágenes repetidas, y la violencia se vuelve vida cotidiana que termina por asfixiar el derecho de vivir con tranquilidad.
Colombia vivió y aún sigue viviendo una situación bastante similar, ya que los medios de comunicación insistían en mostrar las imágenes de la guerrilla, del narcotráfico y la destrucción. Como resultado de un acuerdo nacional, los colombianos optaron por crear la campaña "Colombia en positivo" que mostró al mundo sus valores en la literatura, medicina, industria, la ciencia, música, deporte. También se efectuó un acuerdo para disminuir la ola de violencia que ofrecía sobre todo la televisión y optaron por promover mayores programas dirigidos a orientar y educar a la sociedad.
Las anteriores reflexiones no deben ser interpretadas como un llamado a no informar lo que sucede es esa provincia; por el contrario, considero que los medios de comunicación cumplen con su deber de alertar a la ciudadanía sobre el derrumbe de Colón. Sin embargo, los últimos reportajes son únicamente noticias que satanizan y victimizan. Son los estereotipos noticiosos que lejos de contribuir a mantener un equilibrio informativo, terminarán por diezmar aún más la débil autoestima de los buenos colonenses, que por cierto es la mayoría. A la larga también la audiencia se fastidia de tanta sangre y opta por leer menos, ver menos, escuchar menos a los medios de comunicación.
Esos mismos estereotipos informativos son los que hacen noticia de los brasileños solo en tiempos de carnavales, a los mexicanos solo cada vez que desesperados cruzan la frontera, a los guatemaltecos y hondureños solo cuando los huracanes azotan sus tierras o a los cubanos solo cuando se escapan hacia Miami o protestan contra el gobierno, a los países árabes solo cuando ocurren los atentados terroristas.
Urge entonces que las fuerzas vivas de Colón –entiéndase el Estado, la empresa privada, los gremios, los propios estudiantes y los ciudadanos en general–, apoyadas por los medios de comunicación, comiencen una gran cruzada para mostrar la otra cara de la realidad colonense, que abarque inclusive aquellos grandes valores que han cruzado las fronteras patrias y han dejado muy en alto no solo a Colón, sino a Panamá.
Es tiempo de crisis y globalización de la violencia, es cierto, pero pese a ello, convirtamos esa crisis en una oportunidad; urge una reingeniería noticiosa que busque el balance objetivo, que supere el sensacionalismo y la crónica roja, y que se atreva a colocar en primera plana a Colón por su actuaciones positivas.
