Para la doctora Miriam Rodríguez-Febles, especialista del Cedars Medical Center, de Miami, la gota es un tipo de artritis caracterizada por altos niveles de ácido úrico en la sangre debido a dos posibles causas: un trastorno conocido como hiperuricemia y la eliminación deficiente del ácido úrico por alguna alteración en el funcionamiento de los riñones.
Los síntomas de la gota, explica Rodríguez-Febles, se deben a que cuando los cristales de ácido úrico no son expulsados normalmente del organismo a través de la orina, se depositan en las articulaciones causando inflamación de las membranas y un ataque artrítico agudo. A estos cristales de ácido úrico depositados en los tejidos se les llama tofos, y forman pequeñas masas que tienden a acumularse debajo de la piel de los codos, las articulaciones de los dedos de la mano y las orejas. Asimismo podrían dar origen, según la especialista del Cedars Medical Center a un depósito arenoso en los riñones del paciente. Esto último suele ocurrir, sobre todo, a las personas que no toman suficiente líquido y cuya orina es muy concentrada, o en el caso de los ancianos, cuya orina es excesivamente ácida.
El primer ataque de gota casi siempre se presenta en un juanete y es conocido como podagra, pero también podría afectar los tobillos, codos, muñecas y manos. En su fase más avanzada, dice la doctora Rodríguez-Febles, afectará la zona de los hombros, caderas y espalda. Los ataques pueden ser tan fuertes que en ocasiones el más leve roce de la articulación con la tela de la sábana llega a producir intenso dolor. Los ataques de la gota pueden ser repentinos y durar varios días con breves intervalos sin dolor, hasta que la crisis se renueva a medida que la enfermedad progresa.
Para quienes tengan una predisposición genética a padecer esta enfermedad, la gota podría ser resultado del abuso del alcohol, opíparas comilonas, lesiones previas en las articulaciones o una operación quirúrgica.
El tratamiento de la gota, dice la doctora Miriam Rodríguez-Febles, es sencillo, ya que se basa en tomar determinados medicamentos y mantener una dieta apropiada que evite las comidas con alto índice de ácido úrico (carnes y grasas), en particular, hígado, corazón, sardinas, anchoas, atún y almejas. Así como bebidas al-cohólicas, en especial, los vinos y la cerveza.
