Y es que graduarse de la escuela secundaria es un paso trascendental; lamentablemente no muchos lo reconocen. Representa que ya no somos unos niños, sino jóvenes que nos enfrentaremos a una vida universitaria muy diferente a la vida escolar. En la escuela hay cierta protección, aunque muchas veces no lo notemos; es el mismo ambiente todos los días, los compañeros de siempre, profesores que están pendientes de nuestra conducta, de nuestras notas, de nuestra asistencia, de que pasemos el año. En la universidad no hay nadie que vigile tu asistencia, tu rendimiento o tu conducta; lo que hagas o dejes de hacer es solo de tu incumbencia.
¿Qué significa esto? Pues es muy sencillo, la universidad te da mucha más independencia, libertad, pero exige a cambio mucha más responsabilidad y madurez. Y estoy segura de que la universidad requerirá igualmente mucho más trabajo, más asignaciones, más sacrificios, pero soy fiel creyente de que todo lo bueno demanda esfuerzo.
Estamos muy próximos a empezar cursos de verano, inscripciones, a presentar exámenes de admisión o incluso a iniciar clases, y no oculto que siento algo de temor, de ansiedad, al comenzar esta nueva etapa, pero procuro que estos sentimientos no le resten la emoción y el entusiasmo propios de la misma. Estoy consciente de que la sociedad de hoy exige una carrera profesional, y no solo eso, exige mucho más: maestrías, postgrados, doctorados, pero por algo se tiene que empezar ¿no? Es por eso que los exhorto a todo ustedes, graduados, a que no se conformen con un título de bachiller, sino a que sigan adelante preparándose cada vez más. Ustedes tienen todo el potencial de estudiar la carrera de su elección y triunfar, y si alguna vez sienten que no pueden más, que no son aptos, que el camino se hace difícil, den un vistazo hacia atrás, recuerden que ya alcanzaron una meta, una graduación, recuerden que no se rindieron en ningún momento, ¿por qué hacerlo ahora?
Finalmente, recordemos que es una bendición mayor dar que recibir. Aprendamos a compartir con nuestros semejantes nuestros talentos, nuestras bendiciones, nuestros triunfos. No cometamos el error característico de la mayoría de los jefes de hoy; no digamos "vayan", digamos "vamos"; no ordenemos, capacitemos, estas son las cualidades del verdadero líder que está en nosotros.
"Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová, tu Dios, estará contigo en dondequiera que vayas". Josué 1:9
Con esta frase finalicé mi discurso; estoy segura de que no necesita explicación. Que Dios los bendiga y llene de éxitos el camino que decidan elegir.