El 26 de octubre de 2009 declaré que no presentaría mis documentos a la convocatoria porque no me gustan ni participo de las farsas; mucho menos de las comedias bufas (El Siglo, 26/10/2009). El tiempo me dio la razón. El Gobierno se burló de la dignidad de los abogados que creyeron en la sinceridad de la convocatoria.
En la lista desechada y mancillada, había abogados dignos y probos como Guillermo Márquez Amado, Julio Arias Villalaz, Ángela Russo, Dimas Guevara y muchos otros que nos merecen consideración y gran respeto.
¿Por qué convocarles y luego no acatar las reglas del juego que ellos mismos habían impuesto? No encuentro razón ni sentido racional para que el Presidente haya herido la dignidad personal y profesional de los aspirantes, no sólo con ignorarles para una de las dos posiciones, sino que laceró, sin ninguna necesidad, su integridad cuando sorpresivamente declaró “que de la lista de 71 aspirantes, 26 de los abogados habían defendido a narcotraficantes” (La Prensa, sábado 19/12/2009). El Presidente se equivoca terriblemente, porque confunde la causa que se defiende o se representa con el abogado que está ejerciendo la profesión de la que vive y para la que se preparó.
Según tan peculiar teoría, tendríamos que decir que el médico que atiende y salva a un asesino se convierte en otro asesino similar al que salvó. ¡Qué horror…! Suponemos que por eso –entre otras razones– buscó fuera de la lista al impoluto, virtuoso, académico, culto y erudito personaje, llamado Alejandro Moncada, quien en menos de una semana apareció, brilló y resucitó como nuevo ungido; proclamado y designado magistrado. Y como si fuera poco, le otorgaron una resolución automática en el Ministerio de Gobierno y Justicia (idoneidad para ser magistrado) que, en menos de 24 horas, la firmó el ministro y viceministro y publicada ese mismo día en la Gaceta Oficial. Es una extraordinaria velocidad no vista antes.
José Abel Almengor estuvo en la lista de los 71 aspirantes. Fue sometido al escrutinio, igual que los demás y hubo objeciones en su contra. Las analicé con sumo cuidado y también los descargos que éste presentó con un documento con pruebas para desvirtuar las objeciones. Contra Almengor también circula, por internet, un legajo de 67 páginas que gentilmente me hizo llegar el abogado Sidney Sittón. No obstante, el documento no tiene firma responsable y, por tanto, no podemos darle validez a un anónimo. Tal hecho sería como aupar la “subcultura del anónimo” que, por elemental principio, toda sociedad debe rechazar.
Debemos ejercitar el deber cívico de objetar, pero dando nuestro nombre y no escudarnos en anónimos que utilizan los asaltantes de honras, para desacreditar a los demás. Es probable que a Almengor le haya resultado de alguna conveniencia tener como suplente al magistrado Wilfredo Sáenz –quien no tuvo objeciones en contra– y quien es, todo un gran señor, honorable, recto y académicamente sobresaliente.
El otro designado, Moncada, como no estaba en la lista, no fue sometido al período de observaciones por el que pasaron todos los 71 aspirantes, en la Comisión de Credenciales. Irónicamente a quien le designaron como su suplente, la Lcda. Zaira de Latorraca parece estar mejor preparada que él para el cargo y cuenta con experiencia en el Órgano Judicial. Como Moncada apareció y fue designado rápidamente, nadie tuvo tiempo de buscar elementos para objetarle.
Como particularmente tenía informes fidedignos –desde el jueves 10 de diciembre– que sería designado magistrado, logré preparar algunas observaciones conceptuales, firmes y puntuales. En un acto responsable critiqué conceptos y nunca entré a mencionar temas personales de Moncada.
Con seriedad académica sustenté mis observaciones en una entrevista con Álvaro Alvarado (Canal 13), el lunes 14 de diciembre. Sin embargo, al día siguiente en el programa “Debate Abierto” (Canal 4) una representante de Moncada, respondió a mis críticas de altura, con un agreste y chocarrero ataque personal lleno de calumnias contra mí, tan bajo, ruin, cochambroso y burdo, que sentí vergüenza ajena.
Pero, ¿qué hay en el fondo de este proceder? Quizá un mensaje intimidatorio contra el que se atreve a levantar su voz crítica e independiente. Si actuaron de esta forma sin que Moncada fuese aún magistrado ¿qué no harán cuando sea magistrado titular? En cuanto a la ratificación en la Asamblea, no existe autonomía de los diputados con relación al Ejecutivo, cuyo grupo parlamentario tiene una cómoda mayoría. Sin embargo, la sociedad tiene el deber cívico de dejar constancia histórica de su opinión. Sin duda, algún día liberaremos a la Patria de los políticos que tienen como medio la mentira y como fin el poder… Si Martinelli cree que se salió con la suya, que vaya sabiendo que en este asunto, él es el gran perdedor.