Hay buenas posibilidades de observar chachalacas, mejor temprano en la mañana, por los senderos del Parque Natural Metropolitano o en el Cerro Ancón. También en sitios más habitados como Cárdenas, Los Ríos, Gamboa, Paraíso, Balboa, Albrook, Clayton, etcétera (es decir, las áreas revertidas).
Existe una docena de especies en el género Ortalis, distribuidas desde los Estados Unidos hasta América del Sur. Nuestra "casi-urbana" chachalaca (cinereiceps), vive solamente en Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Colombia. Es un ave grande (medio metro de la cabeza al extremo de la cola), de contextura delgada, con el cuello y la cola larga, la cabeza chica y las alas redondeadas. También la llaman paisana o simplemente "pava".
Come frutas y brotes, vive en grupos familiares y no es evasiva, a menos que se trate de lugares donde se les caza. Con frecuencia se les observa cruzando silenciosamente de un árbol a otro, una por una, en un desplazamiento que parece más planeo que un vuelo.
Tiene varias vocalizaciones y al asustarse emite sonidos cortos y en serie, que irán aumentando en intensidad hasta que al final el ave huye volando. Pueden ser bulliciosas, sobre todo cuando dos bandadas se encuentran.
Me ha tocado encontrarme con alguna de estas aves en el campo. Y siempre pasó que ni bien me veían, se alejaban volando apresuradamente -seguramente porque la presencia humana implica para ellas peligro de muerte-. Pero por los lados de la antigua Zona, las chachalacas hasta se acercan a los jardines -y pueden llegar a comer pedazos de pan que se les avienta-, sin más temor que la necesaria cautela que todo ser vivo debe llevar consigo. En casa de mi hermano Pepe, en Cárdenas, durante el mes de mayo, las chachalacas llegan al jardín con sus pequeñas crías que parecen pollitos marrones. El nido lo tienen sobre un árbol cercano.
Poder disfrutar de la naturaleza sin tener que organizar complejas giras al monte, es a mi juicio indicador de una alta calidad de vida todavía presente en algunas partes de la ciudad de Panamá. Mantener -y ojalá extender- esta situación, va a depender de que la apreciemos como lo que es: un verdadero privilegio.

