Otros habitantes Los gallinazos de la ciudad

Otros habitantes Los gallinazos de la ciudad
El gallinazo negro o gallote (izq.) presenta un parche blanquecino al extremo de cada ala. El cabecirrojo o noneca tiene dos tonos a todo lo largo de las alas: uno superior negro y otro inferior blanq

Fauna y flora urbana Jorge Ventocilla/Instituto Smithsonian

Para algunas personas quizás sólo existe un gallote y punto. Pero, en realidad, hay dos especies de gallinazos bastante parecidas habitando en la ciudad. Se pueden distinguir mirando las aves por debajo, mientras vuelan. El gallinazo negro (Coragyps atratus; gallote no más, para los amigos), presenta un parche blanquecino al extremo de cada ala. El cabecirrojo o noneca (Cathartes aura), tiene dos tonos a todo lo largo de las alas: uno superior negro y otro inferior blanquecino. El gallote es más abundante que la noneca y aletea con cierta frecuencia mientras vuela. La noneca es una artista del vuelo planeado.

Entonces, y por si toca hablar como entendidos, estemos claros: son dos especies, el gallinazo negro o gallote y el gallinazo cabecirrojo o noneca.

La noneca es más hábil para localizar animales muertos gracias a su agudo sentido del olfato. El gallote no es capaz de oler animales de igual forma, por lo que, con frecuencia, depende de la noneca. Vuela por encima de ella, esperando a que baje a comer, y cuando esto sucede aterriza y espanta a la noneca, que por naturaleza no es agresiva. Cuando no le roba a la noneca, el gallote usa su excelente visión para encontrar alimento.

Recuerdo que a principios de los años 80, Carlos Ayarza, en esos días estudiante de la Universidad de Panamá, hizo su tesis de Licenciatura en Biología estudiando la dinámica de población del gallinazo negro en la capital. Para esto marcó casi un millar de aves con cintas de vinil numeradas.

Carlos encontró que los gallotes capitalinos duermen principalmente en dos lugares: las islas Flamenco y Naos (Calzada de Amador), y el cerro Ancón. Demostró también -con sus propias observaciones y los reportes que le enviaban otros biólogos y observadores de aves- que nuestros gallotes se desplazan no solo en el ámbito de la capital, sino que llegan hasta la ciudad de Colón, la isla de Barro Colorado, Taboga, La Chorrera, San Carlos, e incluso, a Aguadulce.

Sabemos, y podemos verlo casi a diario con nuestros propios ojos, que los gallinazos cumplen una función ecológica muy importante, pues se alimentan de animales muertos y otras carroñas. Pero no se crea que son felices comiendo carne en descomposición.

Observaciones hechas en la isla de Barro Colorado muestran que comen animales muertos hasta cierto momento; cuando ya el tema se pone muy "peliagudo", es decir la carne se corrompe, la dejan. Tampoco es cierto que transmitan enfermedades por contacto con sus patas, como algunos piensan.

Siendo francos, admitamos que no son tan atractivos como un canario o un sangre de toro. Pero tampoco merecen mala fama o desconsideración. Creo mas bien que, por su labor en la limpieza de la capital, el alcalde debería hacer un reconocimiento público a los gallinazos, un día de estos.

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