La celebración de los 500 años de la ciudad más antigua del litoral pacífico en el año 2022, debe ser la motivación para saldar parte de la deuda social que tenemos con la histórica ciudad, que fue concebida para convertirse en el epicentro de América, rol que efectivamente desempeñó cuando Natá, en tiempo de la conquista, era el granero que producía alimentos para apoyar el proceso colonizador en América del Sur.
Quienes tenemos responsabilidades públicas, asumiremos un rol proactivo para apoyar las actividades que decida el Comité que se ha conformado para estos propósitos y, en ese sentido, estableceremos los vínculos con todos los ejes transversales, tanto públicos como privados, que puedan potencializar las aspiraciones de los natariegos.
Para el año 2022, Natá debe definir sus más caras aspiraciones, lo que debemos hacer en educación, cultura, deporte, turismo, entre otras, y encontrar la asociatividad como medio de sumar voluntades, donde todos los natariegos y amigos de Natá se sientan identificados con la certeza de que una vez tengamos una conciencia social de lo que aspiramos, esto se convierte en una fuerza arrolladora, que nada la detendrá.
Cuando encontramos diferencias entre los pueblos, veamos su entorno cultural y ahí encontraremos la respuesta, porque se forman valores culturales que crean una conciencia colectiva que une a los pueblos en la búsqueda de su bienestar común.
Los pueblos deben ser contestatarios, dentro de los mecanismos que establece la democracia, y no podemos tolerar la indiferencia de quienes tienen responsabilidades de resolver los problemas sociales. Los dirigentes tienen que ampliar la participación, para que todos nos sintamos con el derecho de hacer nuestros aportes, para hacer los contrapesos necesarios, que eviten los excesos, y que, por supuesto, atiendan los intereses colectivos.
No veamos los 500 años como un acto festivo que, desde luego, debemos celebrarnos; que esta convocatoria sea la sinergia para sumar las voluntades de todos los natariegos, las empresas públicas y privadas y todos aquellos que deseen sumarse, para que en el año 2022 podamos culminar todas las iniciativas que están en proceso de ejecución, como el Museo Histórico Religioso de Natá y aquellas que aún están en proceso de planificación.
Ya iniciamos un proceso de inducción para esta fecha, la solidaridad que hemos encontrado nos indica que debemos canalizar toda esa energía y, probablemente, el recurso más importante es que nos mantengamos motivados para hacer un mejor Natá.
En esta fase es importante que seamos proactivos frente a las ideas, que lograr las metas que nos propongamos se conviertan en un sueño, que si insistimos lo vamos a lograr.
Estamos seguros que una vez contemos con un plan estratégico, encontraremos los recursos financieros tanto del sector gubernamental, como de la empresa privada, a través de los programas de responsabilidad social empresarial.
El autor es diputado del circuito 2-3 Natá, Olá y La Pintada.