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Políticas Públicas

¡Hagamos lo Correcto!

Las lluvias empezaron el 31 de octubre. Nadie pensaba que era el preludio de un desastre para las provincias de Chiriquí, Bocas del Toro y la Comarca Ngäbe Buglé. En las noticias predominaba la cobertura de las elecciones en Estados Unidos. entre Donald Trump y Joe Biden. Mientras, en zonas completas del país se desataba un desastre. Las lluvias se intensificaban. Aumentaban los cauces de quebradas y ríos. Quizás los lugareños están acostumbrados a qué hay crecidas en estos meses. No salieron a relucir los reportes de las instituciones a cargo de la prevención y comunicación sobre las condiciones climáticas .

Chiriquí, Bocas del Toro y la Comarca Ngäbe Buglé son áreas que comparten similares áreas montañosas con algunas zonas bajas. De las tres zonas , la mejor conectada es Chiriquí, sobre todo, en tierras altas, donde habitualmente se dan situaciones en temporada lluviosa. En Bocas del Toro y en la Comarca Ngäbe Buglé, apenas las unen algunas carreteras. Sumado a esta escasa conectividad vial, los índices de pobreza multidimensional se intensifican. En Bocas del Toro y en la Comarca Ngäbe Bugle, el 49.9% y el 95,4% de los niños, niñas y jóvenes están en pobreza multidimensional, respectivamente. El promedio de pobreza multidimensional en niños, niñas y Jóvenes (NNJ) a nivel nacional es de 32.8% . Aunque con menores índices, Chiriquí tiene retos. Barú, lugar donde sucedieron los hechos, tiene también lugares desafiantes.

La situación vivida por los lugareños ha sido la más terrible en los últimos años. Se suma la pandemia causada por la Covid-19. La falta de conectividad afecta a aquellas personas de las cordilleras sin acceso a la tecnología. No pueden acceder a información de primera mano.

La pandemia ha desnudado la realidad de Panamá. Somos un país que no cuenta con la conectividad y, mucho menos, con las condiciones para atender situaciones de emergencia. Aunque sea probable que existan los instrumentos para conocer de antemano los riesgos climáticos, las decisiones llegaron a destiempo.

Panamá, a pesar de no estar expuesta usualmente a desastres naturales, ha vivido situaciones que lamentar. Se hace necesario revisar los instrumentos de gestión de riesgos y su efectiva aplicación. Es menester el fortalecimiento de las instituciones en cuanto a su presupuesto y sus planes de prevención acción y contingencia. Urge sensibilizar a las personas ubicadas en zonas cercanas a ríos, quebradas o áreas inundables. Un ejemplo es lo sucedido en Soloy, Comarca Ngäbe Buglé en 2008. Entonces, se leía en una nota del 9 de septiembre de ese año, en un medio impreso, “cuatro personas fallecidas, entre ellas dos infantes, más de 68 familias, quedaron sin vivienda, tras los daños causados por la fuertes lluvias y el desbordamiento del río Fonseca”. La pregunta es: ¿Cuál fue el plan de prevención y de acción para evitar que no se repitiera la tragedia? Doce años han pasado. Ocurre de nuevo en la misma zona: Boca Balsa, Boca de Remedio, Chube y el propio Soloy.

Preocupa que transcurren los quinquenios sin cambios visibles. Hago un llamado a los tomadores de decisión, quienes tienen un mandato, producto del voto popular, a que tomen acción. Hagan lo correcto. No me refiero solo a atender situaciones de emergencia de manera oportuna. Se les pide anticiparse a los hechos mediante el diseño e implementación de políticas públicas integrales, para cuidar al ser humano y al ambiente. Se les solicita que creen las condiciones para que las personas puedan tener oportunidades de desarrollo social y económico sostenido. El acompañamiento a mediano y largo plazo será fundamental. Las políticas publicas deben trascender gobiernos. Deben concentrarse los esfuerzos en la mejora de servicios públicos, salud, educación y agricultura.

No se piden más subsidios: se requieren las herramientas para asegurar que haya inclusión. Se necesitan más y mejores vías de acceso; conectividad de internet; instalaciones de salud con los equipamientos necesarios; y escuelas dignas que ayuden a disminuir la tragedia humana de un índice de pobreza multidimensional inaceptable, en el país con el producto interno bruto per cápita más alto de América Latina.

2020 ha sido un año de lecciones. Esas lecciones aprendidas deben ser tomadas en cuenta para zonas como Chiriquí, Bocas del Toro y la Comarca Ngäbe Buglé. Todos queremos un mejor País. Cada ciudadano cuenta: que cuente para bien. No como un número en una estadísticas de tragedias.

El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación


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